Tuesday, 18 December 2018

Carta a la Magdalena

Querida Magi,

Bien me dijo mi papá que no viniera. Que él se había alejado de todos ustedes por algo. Que le habían salido mal y no sabía como arreglarlos. Pero yo no le hice caso, y vine.
No me arrepiento de haber venido, pero no me imaginé que era así era la cosa.
Yo le dije: "papá, dejame ir hombre, yo te prometo que voy a redimirlos", "yo me voy a sacrificar por ellos y verás como se portan de bien de ahí en adelante" le dije. Él me miró de reojo y me dijo: "ayy mijo ¡usted sí! pa' qué se pone a decir esas cosas, no ve que eso es 'palabra de dios' y ahora le toca cumplirlo. Y vine.

Magdalena mía, yo que no sabía que aquí te encontraría. Que luego de pasar una noche entre tus brazos me importaría un comino lo que le pase al mundo. Que quisiera irme a un lugarcito apartado de la tierra a vivir contigo y criar cabras. Pero afuera me espera Pedro y los soldados vendrán por mi más tarde. Igual, que ingenuo yo Magda, tú no te irías conmigo, que no eres de las que se quedan quietas. ¡A tantos otros y a tantas otras amas! que hoy pienso que este papel de 'hijo de dios' te hubiera quedado mejor a ti.

¿Viste Magdalena? En las noches en que has dormido a mi lado te he contado mis sospechas de que lo que le salió mal a mi papá es haberlos hecho mejor que ha nosotros, demasiado bien, más complejos, más diversos, menos encasillados, más libres. Ya los ángeles y arcángeles se han quejado antes - hace siglos - de la libertad humana. Pero luego se han callado cuando mi papá les recuerda que ellos no sufren hambre, ni dolor, ni angustia alguna. Mientras tanto, ustedes en medio de su libertad y de su sufrimiento parecieran divertirse más. Yo hablo y tu desnuda y dormida nada oyes y solo disfrutas a pierna suelta del calor de mi cuerpo y la frescura de la noche.

Fuiste tu dulce mujer dulce demonio quien me hizo ver que así estaban ustedes bien. Fuiste tu Magda de mis amores la que me mostró que los hombres y sobre todo las mujeres se valen por si mismos y nada necesitan de mi papá, ni de mí, ni de mi hermano. Fuiste tú quien entre la desnudes de tus tobillos al andar y el sudor de tus axilas y de tu frente al trabajar en el campo, me mostró como todo lo que son y tienen es suficiente. A la larga mi papá tenía razón, yo no tenía que venir a nada.

Pienso Magdalena - ¡Pobre del dios que en su eternidad no ha tenido la fortuna de encontrarse con un ser que lo atormente! - porque ante ti mujer, tiemblo. Porque por ti justifico todo el horror y todas las angustias del mundo. Por ti justifico todos los engaños, las mentiras y los insultos, todas las noches de ebriedad y todos los que enloquecidos se han aventurado a atravesar el mundo o más aún a desafiar a mi papá. Por la simpleza cruda de tu existencia vaga Magda volvería a morir en la cruz. Por volver a verte acariciar ebria de amor la mejilla de esa otra mujer que te conmueve volvería a bajar a salvarlos a todos.

Perdóname Magda que me haya puesto sentimental, ¡Es que ya me queda tan poco tiempo entre los hombres! Pero no quería salir sin escribirte estas letras. Magi llegarás a vieja entre brazos y bebidas, entre el sol y la lluvia, entre el pan y los peces, entre las sonrisas y las lágrimas, siempre con el paso firme, con ese amor incontrolable por un día más de vida, la pasión exacta por la persistencia. Haya pues Magdalena, gózate la vida que yo no tengo, pierde.

Pronto me matan Magdalena, y me llorarás Magi, por tres días. Cuando yo resucite y te encuentre afuera de mi tumba sonreirás con esa sonrisa tuya de todo está perdido. Me abrazarás, me darás un beso en la mejilla y te alejaras con ese paso angelical que tienes. Volverás al vino y a los amores, volverás al río y a las flores. Yo mientras, seguro aburrido y algo hastiado de la historia de la historia, te esperaré en el cielo, y te estaré mirando desde mi silla, allí sentado a la derecha del padre.

Siempre y únicamente tuyo,

Cris.



Friday, 9 November 2018

Olvido

Se sentó frente a su computador dispuesta a trabajar y con la confidencia de todos los días digitó la contraseña que le daba acceso a su escritorio. Lo que escribió no funcionó, - qué raro - pensó ella, - estoy segura que esa era - y volvió a escribirla, nada, no funcionaba. Puso la primera letra en mayúscula, tampoco. Pensó en la otra contraseña que solía usar en esos casos y la escribió, no funcionó. Cambió los números por otros que también solía usar, nada. Entro a su celular y trató de ingresar a sus redes sociales en donde también usaba la que pensaba era la contraseña, y no pudo acceder. No podía creerlo, estaba segura que tenía que ser alguna de esas, o esta palabra con este número o esta otra, no podían haber muchas opciones. Intentó todas las combinaciones y todas las palabras y números que recordaba alguna vez había usado, pero ninguna funcionó. Se le bloqueo el compu, la cuenta de las fotos, la cuenta de chatear con los amigos, la cuenta de conocer nuevos amigos, la cuenta del correo, la cuenta del otro correo, y por supuesto la del correo alternativo. Le tocó recurrir a - Has olvidado tu contraseña - en todos los casos. Afortunadamente las confirmaciones le llegaban al celular y pudo recuperar todas sus cuentas asignando nuevas contraseñas. Pero para el compu le tocó llevarlo a donde un "técnico" para poder entrar a su escritorio. Pensó que la habían hackeado pero el técnico le confirmó que no había nada raro, que posiblemente ella se había confundido de contraseña, - que raro - volvió a pensar. La verdad era que no se había confundido, sino que la había olvidado, y era que ella tenía la costumbre de usar el nombre o el apellido de quien amaba para sus contraseñas, pero hacia un tiempo ya que venía olvidando a su último amor que no le había funcionado, y su nombre y su apellido eran el ultimo pedacito de información que ella conservaba de él aún en su cerebro, bueno, hasta ese día en que le tocó cambiar todas sus contraseñas.

Monday, 17 September 2018

El olvidado

Es cierto que hay un único dios y que creó todo cuanto existe, también es cierto que es omnipotente y omnipresente. Todo en él - aunque sería más adecuado decir eso - está contenido y es posible.
Y es cierto que al principio del tiempo estaba pendiente de su creación, que dio conciencia a algunos seres para que estos pudieran por sí mismos maravillarse de la existencia, que en un comienzo saboreó la idea de que esos seres fueran capaces de reconocer su presencia y ¿por qué no? agradecerle. Es igualmente cierto que a los primeros se les reveló y les dio su nombre y su palabra y que, para que la conciencia de esos seres tuviera algún sentido, era necesario que eso - dios - estableciera una serie de reglas por las que el todo funcionara. Siendo así, él mismo decidió que su intervención en el universo luego de ponerlo en marcha debería ser mínima.
Algunos seres entonces se reproducirían en ese pequeño planetita azul y podrían apreciar la obra que dios amablemente había creado. Y por un tiempo así lo hicieron los primeros humanos, los que conocieron de primera mano el nombre de dios y su apariencia. Sin embargo, había puesto dios tanto cuidado en construir su creación; había generado tantas formas, colores, sabores, sentidos, deseos, placeres, rabias y huidas; había eso pensado con tal detalle cada elemento, cada molécula, cada compuesto, cada fuerza, cada campo, cada ley, cada regla; había el único dios dado tanto en el mundo por conocer a los humanos, que estos, en su maravillarse durante la continuidad de la sobrevivencia, poco tiempo podían dedicar a pensarlo a él, y eso empezó a ser solo un vago recuerdo.
Generación tras generación y a medida que se reproducían, los humanos iban cambiando un poco aquí y un poco allá la versión de lo que era o de quién era o de cómo era dios. Su conciencia - regalo de dios - les permitía dudar de cuanto otros contaban y por tanto empezaron a proponer diferentes nociones de dios, y a medida que se dispersaban por el mundo el nombre con el que le llamaban empezó a variar hasta hacerse irreconocible entre diferentes pueblos. Con el paso del tiempo todos los nombres con los que llegaron a conocerle eran todos, menos el suyo propio. Con el paso del tiempo y las tergiversaciones de su historia eso no era él ni él era eso. Con la rutina de los humanos dios - él - se convirtió en muchos dioses, en fragmentos de dioses que requerían de ayudantes, en dioses extremos enemigos, en dioses pequeños de poderes limitados, en comunidades de dioses y diosas que lejos de ser él se comportaban como los mismos humanos lo hacían. Con la cotidianidad de los humanos eso - dios - fue tomando la forma de frases de sorpresa, de angustia, o de reproche ¡ay, dios mío! ¡de por dios! de frases de promesas ¡se lo juro por dios! o agradecimiento ¡dios se lo pague! ¡gracias a dios! pero todas esas frases no eran él. Esas frases hablan solo de los humanos o de entre los humanos o de para los humanos, pero ni una sola realmente lo reconocen a él.
En el andar del tiempo, nada sabemos ya de dios a ciencia cierta, de lo que es o de lo que hace o de para que lo hace. Hace tiempo, mucho tiempo ya que dios - el verdadero - ha sido olvidado. Y él - aunque sería más adecuado decir eso - sigue siendo, en la ausencia y en el olvido, omnipotente y omnipresente.

Friday, 24 August 2018

Adiós

Allí estaba todo lo que quedaba de ella, todos sus recuerdos y memorias, cada instante de lo que había sido y cada sensación que ella era, su carácter, sus faltas, sus aciertos, toda la información que resumía su existencia. También allí estaba la información de su cuerpo, de cada pedacito que ella era, la marca en su espalda, el color de su piel, las vueltas de sus entrañas, la fuerza de sus músculos, cuanto se había desgastado su ADN durante su vida, la porosidad de sus huesos... toda ella, cada pensamiento, cada movimiento estaban allí, resumidos en esa pequeña caja negra que ahora Brée tenía entre sus manos.

Kuna había muerto hacía cinco días en el restaurante, un pequeño vaso sanguíneo estalló en su cerebro. Brée amaba a Kuna con toda su alma, sonreía feliz al recordar el borde de su sonrisa, el filo de sus orejas, sus ojos de miel. Era ella la mujer de su vida y aún en ella veía todo su futuro. Después de 19 años creía saber todo de ella, y creía que todo estaba bien. No fue consciente de que la había perdido hasta ese momento en el restaurante, cuando ella le habló con esa voz dulce que tenía cuando decía cosas de las que se sentía culpable, cuando ella le contó que desde hacía tiempo lo estaba pensando y que finalmente lo había decidido, no quería seguir con él. Estaba a punto de decir adiós cuando, en un acto reflejo, se tomó la cabeza y empezó a sangrar por los oídos, no hubo tiempo de nada. Brée gritó por ayuda y fue a sostenerla antes de que cayera de la silla. Cuando la tomó en sus brazos Kuna ya estaba muerta.

Ahora, cinco días más tarde, Brée había recibido la pequeña caja negra. Habían comprado el Respaldo de Vida hacía un par de años y hacía apenas una semana que él había pagado la renovación para el siguiente año. Todo lo que cada uno era, desde su información genética hasta sus recuerdos y emociones, era transmitido en tiempo real al servidor de la compañía de seguros que, en caso de muerte devolvería al responsable legal más cercano la pequeña caja negra con el contenido de lo que había sido la persona. El Respaldo era costoso pero los dos lo habían hablado y creían que valía la pena. La Recuperación era otra cosa, no lo habían incluido en el plan del seguro porque era muy costoso y no creían necesitarlo pronto, después de todo aún eran jóvenes. Brée podría pagar la Recuperación de Kuna, pero tendría que vender la casa, endeudarse un tanto... en otras circunstancias no lo habría dudado, pero ahora...

No sabía si lloraba más por su muerte o por que en cualquier caso estaba a punto de perderla. Los del seguro le recomendaron que se apresurara en tomar una decisión ya que la incapacidad de Kuna por muerte se vencería pronto y si él no aplicaba la Recuperación, ella perdería su trabajo. El contrato firmado por los dos decía que el termino para decidir la Recuperación del otro era de 4 años, luego de los cuales la caja negra sería destruida y se declararía la muerte oficial. Brée escuchaba los detalles de los procesos casi entre sueños, pensando solo en los ojos de miel y en el dolor que sentía. Salió de las oficinas del seguro todavía llorando, llevando la pequeña caja negra apretada entre sus brazos. En casa las lágrimas no cesaron. Lloró adolorido toda esa tarde y la mañana siguiente. Pensó en el profundo amor que tenía por ella, en los sueños que habían construido juntos, en el silenció que ella guardo sin explicarle nada, en sus palabras ciegas en el restaurante...

Kuna despertó suavemente a las ocho y cuarto de la mañana, apenas unos minutos más tarde de lo previsto. Le dolían los ojos y todos los músculos, sentía la lengua seca y el estómago vacío, por un instante sintió que su cerebro no cabía en su cabeza y que su cráneo estaba a punto de partirse. Pero la sensación empezó a desvanecerse de inmediato y unos segundos más tarde ya no sentía nada. Fue entonces que vio el cuarto a su alrededor, la cama de hospital con sábanas de seda, las persianas cerradas, las paredes a prueba de ruido, los instrumentos monitoreando sus signos vitales. Los recuerdos empezaron a juntarse y el dolor que sintió en su cabeza se hizo presente. Sin pensarlo soltó un grito seco -¡Me morí!- dijo casi ahogada. Bree estaba sentado en una mecedora al lado de su cama, Kuna lo miro con ojos desorbitados, -Me morí...- volvió a decir -...cuando...- -Cuando estabas a punto de decir adiós.- dijo Brée terminando la frase. -Querías una vida sin mí, amor, ahora la tienes.- agregó antes de salir de la habitación. Kuna no volvió a saber nada de él.

Friday, 3 August 2018

La maldición del pajaro (23 de septiembre de 2014)

El animal conocía su destino. ¡Lo había vivido tantas veces! Y cada vez que el tiempo se acercaba, el miedo crecía en él hasta hacerse infinito, hasta el desespero de desear la muerte una y otra vez, como un deseo puro y sublime. La prefería de seguro, sin sombra alguna de duda en ningún rincón de su emplumado ser, así de seguro, prefería la muerte definitiva. Pero lejos de ella, la maldición impuesta al ave desde el principio de los tiempos se repetía incesante una y otra vez. Su única fortuna consistía en que la vejez se tardara casi un siglo en alcanzarle. Sin embargo, cada año en que se hacía más viejo el animal se estremecía desde la punta de las largas plumas de su cola hasta la punta de su afilado pico. Un año más era un año más cerca del martirio, un año más era sentir como en algún lugar de su cuerpo se iba encendiendo una llama, como adentro suyo el fuego empezaba a consumirlo, poco a poco y lentamente, ese ardor agudo que le erizaba constantemente el alma y el borde del cerebro. Ya en la vejez, el pico corneo se le agrieta, las garras se le reducen a muñones incendiados, y las plumas van cayendo una a una hechas ceniza. Ya en la vejez, todo huele a pluma y carne chamuscadas, en vez de sangre al bicho le corre ardiente lava por las venas y sus ojos escupen chispas en destellos y crujidos. Al final, al fondo, durante el último latido, el corazón enciende el gran fuego rojo que consume por completo al pájaro, que se deshace desquiciado en sus cenizas antes de renacer de nuevo. Ser un Fénix no es de manera ninguna una forma deseable, sino, como la piedra, es el eterno suplicio de destruirse uno mismo, de incinerarse solo para nacer de nuevo de entre las propias cenizas a repetir el rito.

Thursday, 4 January 2018

Apocalipsis (18 de agosto de 2017)

Las masas se habían abocado a sus líderes. Los gobiernos habían declarado estados de alerta permanente. Desde el último 6 de mayo habían sido declarados terroristas. Muchos habían optado por abandonar lo que habían aprendido y se habían marchado a vivir lejos de las ciudades con pocas comodidades y mínimo contacto. Pero algunos habían decidido resistir. Se habían vuelto grupos ilegales que se reunían en secreto a aprender y a enseñar física, biología, matemáticas, geología, química… la producción del conocimiento había sido prohibida por la ley y  castigada con la muerte. Pero los científicos sabían que sin ciencia la especie estaba condenada a la extinción, así las masas no lo entendieran y se asustaran de ello. Algunos solo asistían a los grupos secretos para compartir, otros procuraban sutilmente promover en las masas la conciencia del valor de la ciencia, los más radicales hacían demostraciones públicas e ilícitas del poder del conocimiento. Todos eran cazados activamente por las autoridades. Si alguien era encontrado culpable era ejecutado de inmediato en la misma sala. Las masas y sus líderes consideraban a los científicos enfermos, seres incapaces de sentir compasión y decididos a destruir el mundo con su supuesta sabiduría. Las mayorías habían concluido que “descubrir”, “explorar”, “conocer” no solo era innecesario sino peligroso y atentaba contra la humanidad. Los científicos habían generado lenguajes secretos que solo unos pocos entendían, había descubierto la fragilidad del espacio-tiempo y la materia, habían encontrado como rediseñar al hombre antes de que naciera. Eso era demasiado: los humanos no debían aprender nada nuevo! los científicos eran individuos peligrosos e indeseables! La curiosidad humana empezó a considerarse un defecto. Desde hacía tiempo las universidades se habían vuelto instituciones de réplica de lo que era de uso común y se había abandonado cualquier práctica asociada a la investigación, a la innovación, al “avance” o el “descubrimiento”. Todos los eventos que no ocurrieran más de una vez en una vida humana eran considerados casualidades y despreciables, se había prohibido monitorear cualquier evento por más de 20 años, la única toma de datos que estaba permitida estaba asociada a la economía y la información de estos se borraba cada 10 años. Las masas y sus líderes se habían convencido que el enemigo eran esos individuos que pensaban más de lo necesario, que planteaban preguntas que no tenían fácil respuesta, que gastaban recursos buscando patrones y evidencia sobre fenómenos que no tenían importancia para el hombre. Cuando la ciencia empezó a ser cuestionada décadas atrás, muchos científicos intentaron explicarse, hacerle entender a las comunidades el valor que cada una de sus investigaciones, pero la inmediatez del hambre y el poder impidieron que las masas quisieran escucharlos, querían respuestas inmediatas sin tener que pensar en los otros o en el futuro, no les preocupaba que otros enfermaran o murieran siempre no fueran ellos. La ciencia era innecesaria porque las cosas estaban bien así, los fuertes eran fuertes y los débiles se morían, esa era la ley.
Hi-xan sabía que había llegado muy lejos, se había involucrado demasiado, desde pequeña siempre había querido saber más y más, a veces dudaba de sí misma y se atrevía a pensar que tal vez los líderes tenían razón y ella estaba enferma, que su curiosidad y su sed de conocimiento eran un crimen. Pero luego venía lo que pasaba en las calles y en campo y entendía que no podía ser cierto, que “saber” no podía ser erróneo, que tenía que aprender más y tratar de que los otros aprendieran. Había asistido a grupos de científicos desde muy joven, luego de mucho tiempo de buscar una manera para encontrarlos. Comenzó aprendiendo calculo, teoría cuántica, mecánica, síntesis de químicos orgánicos… con el tiempo se dedicó a la genética. Había construido en secreto en su casa un secuenciador de genomas y varias incubadoras. Conocía en detalle la distribución de los polimorfismos humanos, las regiones genómicas más y menos variables, las interacciones entre proteínas y los ácidos nucleicos, sabía producir células con genomas híbridos de casi cualquier organismo. Pero conseguir los reactivos y los materiales era muy difícil y peligroso. Si las autoridades la encontraban, eso sería todo. Había puesto su interés finalmente en una idea simple, los humanos eran demasiados, y las plantas pocas, quería asociar la reproducción de los primeros con la de los segundos. Las células vegetales siempre habían sido más receptivas al ADN foráneo, sus procesos se mantenían intactos aun cuando otros genomas estuvieran en ellas, habían desarrollado rutas metabólicas de regulación que les permitía expresar ese ADN cuando fuera necesario. Hi-xan había intentado ya varias veces lograr que los vegetales aceptaran el genoma humano, que lo almacenar hasta llegar a adultas y luego lo expresaran. Había dedicado su vida a este proyecto y estaba muy cerca de lograrlo.
Lucio también se había hecho científico. Tenía desde siempre la certeza de que lo único importante era el conocimiento, que el único poder era saber, que ser una oveja y seguir a los líderes era sin duda el mayor error en la vida. Le molestaba esa flaqueza humana de la supervivencia, esa idea de continuidad y eternidad enfermiza de los pueblos. Creía que el único camino era modificar el comportamiento, el modo de pensar de su especie que había escogido la comodidad y la estupidez antes de romper las fronteras de lo permitido. En los grupos secretos había aprendido cálculo, evolución, electrónica, virología… con el tiempo se dedicó a la neurobiología. Había desarrollado en secreto en su casa nuevos compuestos que trasmitidos por virus le permitían regular la sinapsis. Conocía en detalle los patrones sinápticos, la regulación química de los neurotransmisores, las regiones del cerebro y sus funciones, sabía inducir o reprimir los impulsos nerviosos en cualquier región del cerebro usando sus compuestos. Pero conseguir los reactivos y los materiales era muy difícil y peligroso. Si las autoridades lo encontraban, eso sería todo. Había puesto su interés finalmente en una idea simple, los humanos debían pensar diferente y la interacción entre virus y neuronas era la clave, quería desarrollar un virus que potenciara las sinapsis. Las neuronas siempre habían sido delicadas, las virus volátiles, las conexiones nerviosas podían reconfigurarse de miliares de maneras, generar procesos que les permitieran a los humanos aprender más, generar más y más nuevos conocimientos. Lucio había intentado ya varias veces lograr sus virus reconfiguraran las neuronas, que estas produjeras nuevas conexiones y a su vez replicaran los virus. Había dedicado su vida a este proyecto y estaba muy cerca de lograrlo.
Mientras tanto afuera los líderes y las masas eran implacables, la persecución a los “sabelotodos” eran implacables. Los radicales empezaron a utilizar la inhumanidad de la ciencia, pueblos enteros desaparecían bajo la acción de “atentados en nombre de la ciencia”. Las armas de destrucción masiva tanto físicas como químicas se hicieron sentir. Un solo hombre podía detonar una y acabar con millones. A los científicos que atrapaban las mayorías los ejecutaban a golges. La civilización agonizaba y el futuro de los humanos llegaba a su fin en sus propias manos. Lució lo había logrado y ante las circunstancias no estaba dispuesto a esperar. Distribuyo sus virus entre varias células disidentes y estas lo diseminaron en todas las comunidades humanas. En los cerebros de los humanos las neuronas empezaron a activarse y desactivarse, los virus se replicaron y alcanzaron a todos y cada uno de los individuos de nuestra especie. Algo salió mal, tantas conexiones nerviosas eran insostenibles, los hombres dejaban de comer por la necesidad de pensar, las neuronas usaban energía más rápido de lo que el cuerpo alcanzaba a producirla, el deseo de aprender se volvió más fuerte que el de proteger a las crías o el de reproducirse. En cuestión de semanas los infantes habían muerto por el descuido de sus mayores, los jóvenes se morían de inanición por las calles tratando de entender el universo, los viejos se quedaron solos metidos en monólogos interminables tratando de darle sentido al universo. El último hombre antes de morir calculó la mínima entropía que se requería para crear un agujero negro. La última mujer antes de morir escribió la ecuación que hubiera permitido devolver el tiempo. Para el sistema nervioso de Hi-xan el virus fue demasiado, sus neuronas no pudieron soportar la modificación de las sinapsis, primero vino la parálisis y luego el sueño. En el planeta por unos segundos reinó el silencio, las plantas, los animales y los otros seres vivos experimentaban por primera vez en mucho tiempo la ausencia de la especie humana, la vida seguía en ellos como desde el primer día en que surgió en el mundo. Los bosques empezaron a tomarse las ciudades, los mayores depredadores prosperaban. En un bosque varios cientos de árboles habían crecido hasta hacerse adultos, y en sus células empezó a producirse un factor de expresión que indujo la producción de otros y estos las de otros que fueron a ligarse a un genoma que se había mantenido inactivo. Para el final del verano ya estaba en la tierra la primera generación humana nacida de los árboles.

The Room

She put her hair up in a ponytail. It was cleaning day and she was ready. The broom, the mop, the bucket, the cloth, the all-purpose cleaner...