Monday, 4 January 2021

El silencio de Sinagoda

Las mejores historias son las que no se cuentan. Repetía Sinagoda para sí misma. De las que nadie se entera además de los participantes. Esas que incluso pasan desapercibidas para ellos mismos y solo uno o dos espectadores afortunados tienen la dicha y la fortuna de observarlas. Las historias mejores son las que suceden sin que quede registro ninguno más que el sencillo recuerdo de una o dos almas incompletas que las ejecutan. Por eso a veces guarda silencio. Sinagoda habla demasiado. No la calla nadie. Siempre que está acompañada habla y habla y habla hasta cansarse. Habla para no dejarle tiempo al sentimiento o al agotador silencio que pregunta las cosas importantes. Sinagoda habla para no dejar que los otros sientan el vacío. El problema viene cuando Sinagoda calla, y sabe callarse bien las cosas que se quiere. Las demás las dice sin ton ni son ni importancia alguna. Incluso las cosas graves y pesadas. Sinagoda se las cuenta a los demás sin pena y también sin gloria ni tapujos. Incluso las cosas que podrían avergonzarte, Sinagoda las va contando por ahí sin rodeos. Pero una o dos cosas importantes Sinagoda no las dice. Y lo que ella calla no pasó nunca, nadie lo sabe, no hay testigos. En los ojos a veces se le ve una veta, y allí sabe una que algo se esconde, que Sinagoda habla para esconder secretos, que mide en toneladas las palabras que bota, pero que hay dos o tres palabras que pesa en oro y no dice nunca. Y los que las conocen también callan. Por compromiso, por miedo, por bondad, o por ultraje, nada dicen. A veces es más caro el silencio. A veces saber y no decir tiene más peso. A veces la culpa se la reparten varios y no hay dios que la disculpe. Por eso Sinagoda también se arrepiente. Tres o cuatro veces se arrepiente. Y esas cuatro o cinco le carcomen la vida. Pero así y todo Sinagoda habla para quedarse callada. Habla de más para decir de menos. Y entre una y otra cosa que cuenta ya no está segura de todo lo que dice, ni a quien, ni cuándo. Por eso a veces los amigos le escuchan más de una vez las mismas historias. También por eso es que a veces ella habla de algo como si los demás lo supieran cuando no lo han sabido nunca, y se sorprenden de escuchar por primera vez una historia asombrosa contada por Sinagoda como si fuera lo más corriente y cómo si todos anduvieran enterados, como si fuera una noticia pasada de moda cuando en verdad es un chisme fresco. Pero todos saben que las cosas que dice son cosas de siempre. Son cosas que son ella sin que sean ella misma y que por eso importan solo mientras se escuchan. Pero de lo que Sinagoda no dice, Ay cuánto dieran, cuánto quisieran preguntar los otros por lo que ella guarda. Pero boba no es, así que no se calla y dirige hábilmente la conversación hacia dónde le conviene, y sabe cambiar de tema como se cambia de ropa, sin mirar y sin agüero, y los demás ni siquiera lo notan. De tanto que habla los demás no saben ya que era lo que querían preguntarle. Sinagoda no se calla hasta que está sola.
Sola Sinagoda guarda silencio. No siempre, a veces usa su técnica consigo misma y se habla para no escucharse ni reconocerse las angustias y los misterios. Pero cuando está sola también se permite el silencio, y es ahí que bailan los demonios. Es ahí que se cuelan los fantasmas y las fotografías. Es por entre el silencio que se llenan los despojos de los ojos y los latidos nefastos que le consumen la vida. En silencio Sinagoda escribe palabras que no son suyas ni le pertenecen a nadie. Pero palabras que nombran a todos los conocidos y a cinco o seis desconocidos. Escribe Sinagoda para lavarse las tristezas y los amores mal habidos. Pero más allá de la letra, todavía en el silencio, están las cosas que forman la veta en los ojos de ella. Las que no nombra ni escribe ni pronuncia. Las que le tejen lentamente un nudo de células en la garganta y prometen dejarla sin voz y con seis meses de vida. Sinagoda calla porque las mejores historias son las que no le cuenta a nadie, las que se come, las que respira.

The Room

She put her hair up in a ponytail. It was cleaning day and she was ready. The broom, the mop, the bucket, the cloth, the all-purpose cleaner...