Thursday, 12 March 2020
Ultimas palabras
El miedo de no volver a verte es más poderoso que el hambre. Aún me quedan algunas provisiones y cuando se acaben, sin importar lo que suceda, saldré a buscarte. Han sido largos días sin saber de ti. Han sido días agónicos de leer los libros de mi biblioteca hasta haberlos, por fin, terminado todos. Después de todo Borges, mi biblioteca no era infinita. Han sido tardes lánguidas de llorar sin desenfreno y luego de terminar con las lágrimas quedar en ese vacío blanco de la desesperanza presente en el tiempo. Todavía puedo ver por mi ventana. Esperaba incendios, explosiones, pánico, y gente huyendo por la calle, pero desde el toque de queda todo ha sido silencio. Todavía llega energía a casa y veo en el computador una pantalla que me mira, pero la red se ha muerto y no puedo por este medio alcanzarte. Alcanzar a nadie. No tengo radio. No tengo acceso a las noticias si es que se trasmiten todavía. Desde mi ventana veía moverse a otros en otras ventanas, pero lentamente han ido desapareciendo. Luego de un par de días de no verlos me asomé con miedo y grité preguntando por alguien. Solo silencio. Ya ni siquiera se oye el perro de la cuadra que ladraba ante cualquier ruido. No sé si se ha ido o se ha muerto. No sé si la enfermedad ha alcanzado a otros animales o si se han salvado. Los árboles en las montañas parecen estar bien, siguen verdes. No sé por qué la enfermedad a mí no me ha alcanzado. Por unos días esperé empezar a sentirme enfermo, esperé empezar a sentir la resequedad en la boca y a ver las manchan en la piel, pero nada. Esperé empezar a sentir la pérdida del apetito, el desgano y la necesidad de echarme en la hamaca para ya no levantarme nunca, pero aquí estoy, tengo hambre. Cuando me hice a la idea de que la enfermedad parecía perdonarme otras preocupaciones aparecieron. Tú. La idea de todos y cada uno de los que conozco y de no saber que ha sido de ellos destruyo mi cordura por un tiempo, pero con los días, empecé a aceptarlo. Solo tú eres inaceptable. La idea de que te hayas ido me destroza. No puedo aceptarla. Necesito imaginarte viva para seguir viviendo ¿Podré encontrarte? He pasado largas horas imaginando tu sonrisa. Tratando de reconstruir en mi memoria los trozos de tu cuerpo. Tratando de recordar el sonido de tu voz. He releído innumerables veces lo que antes ya te había escrito. Recuerdo con insistencia la última vez que te vi, ibas caminando, llevabas una blusa roja y me saludaste de lejos. Todos los días y varias veces vuelvo a leer lo último que escribimos: - Oye! Te quiero! Escribí yo, ya sin importar lo inútiles o inoportunos que fueran para entonces mis palabras y mis sentimientos. Reparo en los segundos que distanciaron mi mensaje del tuyo. Luego - Yo también! Cuídate mucho! Y con esa respuesta agría y feliz se acabaron los mensajes. Al día siguiente no había señal de nada, el celular se convirtió en un almacén de recuerdos. A veces me duermo con él entre los brazos tratando de acercarte. ¿Estás todavía? He tratado de mantener la rutina, de no perderme en la sinrazón de la vida y el tiempo. Al principio solía tomar largas siestas durante el día, tratar de matar el tiempo en el sueño. Pero luego las noches se hacían largas e insoportables y tu recuerdo se distorsionaba hacia lo oscuro y morías en mi imaginación una y mil veces. Así que tratando de mantenerte viva comencé a cuidar de mí mismo. Fue entonces cuando organicé las provisiones e hice cálculos. Fue entonces cuando puse a cargar el reloj y marqué en él mi posición, los satélites al menos parecen aún estar funcionando. Fue entonces cuando racioné los libros y les asigné un orden de lectura. Hice lo mismo con las pinturas y las telas. Las telas Borges, tampoco son infinitas. No daría ninguna pincelada que no valiera la pena, el agotamiento. Al principio quise plasmar tu imagen para tenerte, aún más, presente. Pero mi egoísmo dio paso a tu cariño y pensé en plasmar algo que tus ojos quisieran ver. Nunca me preocupé antes por buscar la imagen del Beagle así que tuve que imaginarme al barco en toda su extensión y en todos sus detalles antes de pintarlo. Pequeñito, en la proa, está Darwin de pie mirando al horizonte. Ojalá disfrutes verlo. ¿Qué estás tú haciendo? Estarás como yo leyendo y escribiendo en el aislamiento. ¿Tejes para entretener las manos? ¿Piensas en mí y en las últimas palabras que escribimos? A veces necesito imaginarte odiosa para sobrellevar el tiempo de tu ausencia. Necesito imaginar que no fuiste sincera cuando escribiste que tu también, sin aseverar nada, sin especificar qué. Necesito tratar de imaginar una vida sin ti, genuinamente imaginar mi vida sin que exista la tuya, pero no puedo. ¿Qué hago? He estado todo el día rumiando estas palabras, poniéndolas en el papel como si pudieran sobrevivirme. Pensando en dejarlas protegidas por si no regreso cuando salga a buscarte. Con esa ilusión humana de que otros las lean. No tú! Que si te encuentro viva no serán necesarias, pero si no, si no regreso estas letras son al menos un consuelo torpe e insuficiente para mí mismo. Un intento ciego para perdonarme por haber esperado tanto tiempo para decirte por primera vez que te quiero, sin saber que también sería la última. Tengo tanto miedo de no volver a verte.
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