Monday, 18 February 2019

Dos

No creo en dios - pensaba ella para si misma mientras caminaba por la calle - o mejor dicho creo en todos los dioses, creo que existen en la medida que nosotros los hemos creados, son todo un conjunto de existencias colectivas en la mente de las personas. Ideas de seres que investidos de cualidades que los humanos no poseemos, se suponen reales e irreconocibles por estar más allá de nuestras habilidades de comprender el mundo. Ideas de seres embebidos incluso de la capacidad de ser los creadores de todo y sobre todo de la realidad en la que ciertamente nos encontramos. Como si la complejidad de todo cuanto verdaderamente es no nos fuera suficiente en nuestra inmadura e ínfima conciencia. Siendo los dioses solo ideas pienso que su existencia y su poder están limitados por nosotros mismos. Tienen poder solo en la medida que nosotros se lo damos, tienen poder y solo el poder que nosotros les asignamos en nuestra mente. El poder de, como ideas, influir en nuestras decisiones, nuestros juicios, nuestros actos, el mismo poder que tiene cualquier otra idea a la que nos aferramos, como la libertad o la justicia. Que finalmente el poder es solo eso, las restricciones que nos imponemos a nosotros mismos escudadas en asumir y aceptar la existencia de supuestas leyes universales, la elección consciente o inconsciente de premisas absolutas a las que les otorgamos el permiso de influir en quienes somos. Y así, tienen sobre nosotros los dioses el efecto que les hemos asignado que tengan. Por tanto en ningún dios creo porque a ninguno le he otorgado más valor que el que tienen ideas mucho menos célebres como los duendes de los cuentos de hadas, o los animales que hablan en las fábulas. Dios no tengo - Seguía pensando para ella misma mientras caminaba distraída -. En cambio, bajo esta misma idea he creado para mí un guardián único que me protege. La idea de un ser que se mueve más allá de cualquier ley termodinámica, lejos de cualquier lógica o sentido físico, una criatura que mientras yo estoy bien se mantiene agazapada y descolorida, frágil y casi durmiente, pero que en cuanto me debilito, física o mentalmente, tanto más se hace ella fuerte y sabia, algo o quizá alguien que está más viva entre más cerca me encuentro yo de la muerte...

Un movimiento inesperado la sustrajo de sus pensamientos, dos hombres la abordaron para robarla. Ella reaccionó tratando de huir, pero uno de los hombres se sobresaltó y le asentó un golpe en la cabeza que la hizo perder el sentido. Un hilo de sangre empezaba a derramarse.

Se desplomaba y su sombra, que hasta ahora era apenas perceptible, se fue tornando cada vez más oscura hasta parecer que se levantaba sobre el cemento. Cayó y al chocar contra el suelo se escuchó un sonido agudo que fue tomando fuerza y fue haciéndose tan grave como el rugido de las bestias enloquecidas en las noches de luna. Ese mismo rugido pareció cobrar forma en el aire y una criatura enorme, desproporcionada y oscura se posó con firmeza frente a ella. El aire se enrareció hasta parecer venenoso, y más allá de ella y de los dos hombres que la atacaron no podía verse nada, como si una niebla viscosa e impenetrable los separa de la realidad. El miedo fue subiendo por las piernas de los dos hombres como un enjambre de insectos a punto de devorarlos, y el sonido del rugido los ensordeció hasta hacerlos sangrar por los oídos. Se quedaron inmóviles, petrificados ante la visión de ese ser que con su sola presencia les arrebata el aliento, la paz eterna, la tranquilidad de todos los rincones de su mente en todos los tiempos y, si hubiese tal, les desgarraba lenta, dolorosa e irremediablemente el alma hasta la inexistencia. Uno de ellos intentó dar un paso mientras apretaba los puños para darse ánimos. El guardian levantó su descomunal brazo izquierdo que se tornó de roca maciza y se descargo sobre la cara del ladrón que cayó al piso con un quejido corto mientras la sangre corría desde lo que había sido su rostro hacia el suelo. El otro hombre, aterrorizado, se dio media vuelta para huir solo para encontrarse de frente con la criatura que, sin un rostro o siquiera un material definido, empuñaba un brazo de fuego azul que lo golpeo con fuerza en el pecho y le descargo la energía de diez rayos aniquilando su corazón y quemando todos sus nervios. Apenas si tuvo tiempo antes de morir, para ver como la realidad se aclaraba mientras que la niebla se desvanecía y el guardian pasaba a su lado para volver con el paso firme que tendría un volcán a la sombra de su dueña que empezaba a despertarse.    

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She put her hair up in a ponytail. It was cleaning day and she was ready. The broom, the mop, the bucket, the cloth, the all-purpose cleaner...