Un movimiento inesperado la sustrajo de sus pensamientos, dos hombres la abordaron para robarla. Ella reaccionó tratando de huir, pero uno de los hombres se sobresaltó y le asentó un golpe en la cabeza que la hizo perder el sentido. Un hilo de sangre empezaba a derramarse.
Se desplomaba y su sombra, que hasta ahora era apenas perceptible, se fue tornando cada vez más oscura hasta parecer que se levantaba sobre el cemento. Cayó y al chocar contra el suelo se escuchó un sonido agudo que fue tomando fuerza y fue haciéndose tan grave como el rugido de las bestias enloquecidas en las noches de luna. Ese mismo rugido pareció cobrar forma en el aire y una criatura enorme, desproporcionada y oscura se posó con firmeza frente a ella. El aire se enrareció hasta parecer venenoso, y más allá de ella y de los dos hombres que la atacaron no podía verse nada, como si una niebla viscosa e impenetrable los separa de la realidad. El miedo fue subiendo por las piernas de los dos hombres como un enjambre de insectos a punto de devorarlos, y el sonido del rugido los ensordeció hasta hacerlos sangrar por los oídos. Se quedaron inmóviles, petrificados ante la visión de ese ser que con su sola presencia les arrebata el aliento, la paz eterna, la tranquilidad de todos los rincones de su mente en todos los tiempos y, si hubiese tal, les desgarraba lenta, dolorosa e irremediablemente el alma hasta la inexistencia. Uno de ellos intentó dar un paso mientras apretaba los puños para darse ánimos. El guardian levantó su descomunal brazo izquierdo que se tornó de roca maciza y se descargo sobre la cara del ladrón que cayó al piso con un quejido corto mientras la sangre corría desde lo que había sido su rostro hacia el suelo. El otro hombre, aterrorizado, se dio media vuelta para huir solo para encontrarse de frente con la criatura que, sin un rostro o siquiera un material definido, empuñaba un brazo de fuego azul que lo golpeo con fuerza en el pecho y le descargo la energía de diez rayos aniquilando su corazón y quemando todos sus nervios. Apenas si tuvo tiempo antes de morir, para ver como la realidad se aclaraba mientras que la niebla se desvanecía y el guardian pasaba a su lado para volver con el paso firme que tendría un volcán a la sombra de su dueña que empezaba a despertarse.
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