Tuesday, 16 April 2024

El camino de la bruja

No vayas donde tu hermana - le advirtió el oráculo - no volverás viva.
La mirada húmeda de la bruja se alejó del espejo de agua que le hablaba. ¡Cómo si tuviera alguna alternativa! Pensó mientras se alejaba lentamente del lago que se desvanecía en los rincones oscuros de lo inexistente y sin embargo posible. Los delicados hilos que forman la intrincada red de la realidad se han ido tejido desde el principio del principio y aún ante la certeza del libre albedrío todos lo hilos están atados y halan con fuerza. La decisión ante cualquier pequeña o grande decisión es siempre la misma: seguir siendo una misma o ser otra. La otra que no se elije no existió nunca. Tenía el paso cansado y la boca seca, sabía lo que le esperaba al otro lado de la montaña. En ese rincón inmundo que es el mundo los humanos respiran miedo y supuran rabia. Ella misma sabe desde la raíz que no hay forma alguna de ser inocente. Tiene claro que la culpa no es esa culpa cristiana de la que un dios inexistente puede absolverle. La "culpa", la "desventaja", el "privilegio" son solo otro rasgo inseparable de estar vivo aquí y ahora. Sabe cada culpa de las suyas propias. Sabe de las que se ha hecho cargo y de las que tal vez deberá enfrentar luego. Los sueños premonitorios han sido mucho más claros que la voz del oráculo. ¡Valiente Oráculo! mascullo para ella misma ¡Hubiera dicho algo nuevo! Ya sabía. Pero saber es parte de la culpa. Y culpable era. Cuando emprendió la marcha se vio a si misma andar el camino. Vio cada curva, cada quebrada, los colores oscuros del bosque en la montaña, el frío anestésico del páramo en la mañana. Se vio caminar por horas largas cargadas de pensamientos masticados y escupidos, empapadas de la selección minuciosa de las palabras concretas que deberían ser dichas cuando llegara. Se vio elegir cada una y ponerlas en el orden correspondiente para que fueran claras pero amables, seguras pero abiertas. Se vio a si misma satisfecha de elegir las frases que le serían más adecuadas. Apenas unos pasos llevaba cuando se vio a si misma unos días más tarde reírse ante la certeza explicita de que sus palabras, sin importar el detalle y el cuidado con el que fueron elegidas, serían inútiles. Y vio en su rostro las arrugas que se le formaban en la frente tratando de pasarse el trago amargo de saber que hacer lo debido la conducía siempre al mismo desatino. Cuando el sol empezaba a desaparecer en el horizonte y el lugar donde había estado el lago apenas empezaba a perderse en la distancia, la bruja seguía dibujando en su cabeza la secuencia exacta e ininterrumpida de lo que haría los días siguientes. Se vio llegar a la ciudad el amanecer del cuarto día, mientras lo perros callejeros se peleaban por un trozo de tela ensangrentado y la panadera le ofrecía un vaso de agua al verla descalza y sucia tras el viaje. Siguió su paso entre las calles empedraras y las casas pintadas de colores tratando de ocultar los estragos de la guerra. Escuchó las voces de los borrachos amanecidos que aún cantaban en los bares iluminados, y el llanto de los chiquillos que se despertaban a deshoras arrancando del sueño a sus padres cansados. Vio a la luz del sol irse alzando desde ese blanco suave y brumoso casi frío, hasta ese amarillo lineal, intenso y ardiente. Se vio extender la mano huesuda para tocar en la puerta que se abriría para dejarla pasar. Escucho a lo lejos la voz de su hermana llamarla por el nombre por el que ella ya no respondía, y por enésima vez sintió esa voluntad casi inhumana de no responderle y largarse sin decir lo que tenía que decir. Pero sabía que lo tenía que decir, y se escucho así misma imponerse la calma ayudándose de una respiración profunda y resignada. Cuando había andado suficiente ese día busco un árbol grande no muy lejos del camino para descansar la marcha, se dejó caer de un solo golpe ante la base de las raíces del gran árbol y abrazo su bastón de madera hasta quedarse dormida, mientras seguía repasando en la cabeza los eventos a los que acudiría en unos cuantos días. Siguió con cuidado y con los ojos cerrados la conversación con su hermana, la voz de ella elevándose cada vez más hasta que los oídos dolieran, el desacuerdo permanente y ubicuo, le negativa repetida una y otra vez hasta el cansancio, la solicitud de convocar a los otros miembros del consejo, las preparaciones para que vinieran, la espera silenciosa mientras los mensajes les llegaban, el golpe en la puerta del palacio tras la llegada de cada uno. Se quedó dormida. La mañana del día siguiente, tal cual la había imaginado el día anterior, era tibia y húmeda. Todavía había camino antes de subir la montaña. Revolcó el interior de su mochila buscando alguna cosa que comer y encontró un pedazo de algo que se metió en la boca sin pensar demasiado. En cambio, llevo su mente a esos días más tarde cuando el consejo reunido la escuchaban. Levantó su voz hasta ese tono fuerte en que todos podían escucharla pero no suficiente para que se entendiera más allá de la puerta cerrada. Trajo en el orden preciso en que las había elegido las frases exactas que días antes por el camino había organizado. Escucho al principio los murmullos incrédulos de los ministros, sintió luego la discusión creciente ante su "fuimos nosotros", y finalmente las voces airadas y ensordecidas ante su "debemos admitirlo". Los miro, desde el camino, uno por uno, una por una, primero sentados en sus sillas en el cuarto enorme de la reunión de los altos ministros, levantándose luego de sus sillas ante la discusión de la que ella ya no hacía parte, y vio a su hermana al final de la mesa tratando de calmarlos, pidiendo orden, tratando de aminorar las palabras de la bruja, de convencerlos de que no era necesario. El sol pasaba ya hacia la tarde y entre ir y venir entre los días futuros y el momento presente iba eligiendo las palabras que diría y en cómo esta sí y esta no, mientras al mismo tiempo veía a los ministros pedirle que dejara la cámara y confirmaba en el rostro triste y seguro de su hermana el veredicto. ¡Valiente Oráculo que no dijo nada nuevo! Se acordó del día anterior y de la larga búsqueda de la que había hecho parte para poder encontrar al oráculo que debía haberle dado una opción diferente, alguna buena noticia, como si fuera tarea de los oráculos alimentar la esperanza. Bueno - balbuceo - también que culpa el Oráculo... ya sabíamos. Alguna otra cosa minúscula habría de comer entre su mochila, y añoró el vaso de agua y la hogaza de pan que la panadera le daría dos días más tarde cuando llegara de madrugada a la ciudad. En cambio no se le antojo para nada el banquete que su hermana la ministra le hizo preparar la noche antes, con esa idea suya de que gastar era suficiente para limpiar el alma. Vio la tristeza de su hermana perseguirla entre las palabras que le decía mientras la bruja escuchándola en silencio cortaba un pedazo de ese pollo que olía delicioso pero que presagiaba la hoguera. Le vio la confusión en los ojos que solo querían lo mejor para ella pero que no podían ver ni entender lo mismo que los ojos de la bruja, y le vio la resignación aguda ante la impotencia de no poder convencerla de que se retractara ante el consejo de los ministros verdugos. El pollo también tenía claro su destino, y la hogaza de pan siempre fue más amable. Se equivocó en pensar que le alcanzaría el día para llegar hasta la piedra aquella en la curva del camino detrás del árbol alto y encorvado. Habrá que apurar el paso mañana que no hay que llegar tarde a ese vaso de agua ni a la muerte, pensó. Aunque no le afanaban para nada los pasos de las ministras al entrar en el cuarto, ni sus voces sinceras preguntándole curiosas por el viaje y el oráculo, tratando ellas mismas de prever las minucias de la reunión que casi comenzaba. Tampoco la afanaban los pasos de las mismas ministras saliendo del cuarto indignadas y atormentadas, sin despedirla, y sin procurarle ningún otro pensamiento. Ellas también sabían. Entre las sombras de la noche iluminada encontró la piedra aquella detrás del árbol encorvado y alto en la curva del camino, y le dio la vuelta para acurrucarse detrás de ella y dormir un rato. Esa piedra, después de todo era más amiga suya que las mujeres y los hombres de la ciudad que primero le habían pedido encontrar una solución a la guerra y que ahora que la traía la acusarían de traidora y de bruja, como si no hubieran sabido desde siempre, desde cuando crecieron juntos, que bruja había sido siempre. Soñó otro de esos sueños premonitorios que ya habían sucedido o que sucederían luego, soñó con una mujer que no era ella pero era ella misma y que en un cuarto sin ventanas respondía "Siento que esto esté pasando. Yo también pienso que no debería ser tan importante. Quise decir que no estoy segura todavía que decisión tomar sobre lo que debería hacer yo misma." Y sintió el desánimo y la incertidumbre de esa mujer como las suyas propias. Pero sin terminar el sueño la esperaba la mañana del tercer día después del oráculo, y la mañana del sexto día después del oráculo, el último día. Se sacudió las rodillas, se subió la medias, se colgó la mochila y abrazó a su bastón de madera como si en el estuvieran guardados todos los buenos recuerdos y retomó el camino y el pensamiento. Se vio levantarse en la mañana del ultimo día para descubrir sin sorpresa alguna que la puerta de su cuarto estaba cerrada desde afuera y que este ya no era su cuarto en la casa de su hermana sino una prisión en el palacio de la primera ministra. Se vio buscar entre sus cosas que ya eran pocas, las pocas cosas que quería que la acompañaran en los últimos momentos, se trago de un solo bocado el anillo de plata, pero se tomo largos minutos para lamer el papel en el que antes había envuelto un chocolate. Supo que era la hora de llorar a quienes no volvería a ver y las lágrimas le empaparon las manos y la ropa. Toda su venganza consintió en limpiarse los mocos con las sabanas de la cama. Y se vio terminar los sollozos a tiempo para cuando los pobres soldados que solo seguían ordenes vinieron a buscarla. Entonces era la hora del almuerzo, pero ya entre su mochila no había migajas de nada que fuera comestible y sabía que debía dejar la envoltura del chocolate para luego. El frio anestésico del paramo era a esa hora más bien un frio quemante que le cuarteaba la piel de los labios y le blanqueaba las uñas, pero los colores eran de ensueño y juró que no olvidaría esos ojos azules ni el borde anaranjado de las hojas de los frailejones. Sintió que las piernas le fallaban, como sabía que le fallarían tres días más tarde de camino hacia la plaza. Se vio a si misma maldecir en diferentes lenguas mientras avanzaba arrastrada por los cuatro soldados que la custodiaban en silencio. Pensó en qué maldiciones usaría, después de todo era una bruja y era necesario completar el rito. "Que a este se le caigan los botones de la camisa" pero en Sigiba, "Que a este se le olvide donde dejó las llaves" pero en Ocroli, "Que a ese le pique donde no pueda rascarse" pero en Igliño. El idioma que haya que usar para no revelar el misterio, pensó mientras se burlaba estúpidamente de la benevolencia de sus maldiciones inútiles pero necesarias. Apuraba el paso en el camino que atravesaba el bosque de colores oscuros en la montaña. Se asusto un poco y se lleno de tristeza cuando se vio a si misma gritar delante de la hoguera que ya estaba lista "fuimos nosotros, podemos corregirlo", y se echó a reír ante la inutilidad des sus palabras. Escucho como entre las casas algunos quienes obedientes le ofrecían unos gritos cortos de acuerdo y compasión pero sin persistencia. En cambio no vio ni a su hermana, ni a los ministros, ni a las ministras que ya estaban entonces reunidos buscando algún otro para que fuera en busca de un nuevo oráculo que los salvara de la guerra. No se sorprendió, ya lo sabía, los ministros respirando miedo y supurando rabia no asisten a presenciar la hoguera. Se encontró con la noche a la salida del bosque y a lo lejos vio las luces de la ciudad que se iban encendiendo. Se detuvo allí sin darse cuenta y se le estremeció la piel como se le estremecería dos días más tarde al sentir las primeras brazas de la hoguera. Quiso dar un paso más pero no pudo. La tranquilidad y la belleza que le llegaban del bosque y de los campos extendidos hasta la ciudad la abrigaban con cariño. Sintió cómo el estomago le crujía. Se acordó que ese día no había comido, y añoró más que nada la hogaza de pan y el envoltorio del chocolate. La bruja siguió su camino.

Wednesday, 14 December 2022

Conversación antes de la cena / Conversation before dinner

Who is he?
  My lawyer.
What is he doing here?
  He is with me.
Yeah, but why?
  For consultation, obviously. It's always better to have your lawyer's opinion.
Consultation about what?
  I don't know. You never know when you are going to need your lawyer's consultation.
But this is a dinner.
  Yes, I know.
And we are meeting friends only.
  Yes, I hope so.
So, what is he doing here?
  He is with me.
Yes, but why a lawyer?
  Oh, he wanted to be a lawyer. That I did not choose it for him.
What?
  What?
...
   I have an editor too.
And editor?
  Yes, I enjoy having an editor. It's so nice to have someone correcting your grammar all the time.
Is it?
  Yes, It is. Although I don't bring the editor to dinner. Apparently other people do not like to be correct.
You mean, to be corrected.
  Oh, no, I meant to be correct.
... 
   ...
Well! to be corrected all the time could be a little annoying, really!
  Right!
Right.
  Yes.
What?
  Ah?
Forget it. So, does your editor work for a journal or is he independent?
  He works for a tiny law firm.
That is unusual.
  Is it? I don't know.
Wait! do your editor and your lawyer work together?
  Yes, in fact they do. All the time.
Hahaha, that sounds interesting.
  It's quite. I also have a lover in the same law firm.
What?...
  Hey, welcome back. This is Andrew!
    Hi Andrew. Nice to meet you.
Nice to meet you too.
- This way please!
Thank you.
  Thanks.
    Thank you.

Tuesday, 13 December 2022

La enfermedad del frío

Mira, mira Ululé!
  Qué pasa?
El bus está bajando la velocidad para que podamos ver un poco el pueblo fantasma.
  El pueblo fantasma?
Sí, Lauroci, el pueblo fantasma.
  Se ve abandonado!
Claro, es un pueblo fantasma porque lo abandonaron.
  Y por qué lo abandonaron?
Por la enfermedad del frío. No has escuchado de la enfermedad del frío?
  No. Estaba en el folleto?
Un pedacito de la historia al menos. La enfermedad del frío atacó a las mujeres del pueblo.
  Solo a las mujeres?
A algunos hombres también pero muy pocos.
  Qué es la enfermedad del frío?
Pues es una enfermedad en la que te da frío, jajaja!
  Amelia! qué es la enfermedad del frío?
Es en serio! No se sabe quién fue el paciente cero, pero algunas mujeres de Lauroci empezaron a quejarse de tener frío. Y luego se extendió a todas las mujeres del pueblo. Cuando eso paso el gobierno global puso al pueblo en cuarentena, nadie podía salir o entrar. Y mira, esas allá son todavía algunas de las tiendas que construyeron para la emergencia. Vinieron investigadoras y medicas a atenderla.
  Pero cómo así? solo porque tenían frío?
Oh, no! ese era el principal síntoma, además era muy extraño porque les daba frío principalmente en la noche. Al principio pensaron que era paranoia colectiva de las mujeres y de los pocos hombres afectados. Pero cuando empezaron a aparecer los demás síntomas se hizo evidente que estaban enfermas.
  Qué otros síntomas?
Empezaron a perder el apetito, pero cuando comían después les daba más frío.
  Pero era que tenían fiebre? una infección?
No, no tenían fiebre, temperatura normal, y por eso pensaban que no era una infección.
  Y si era?
Pues más o menos. El frío empezó a afectarles el sueño. Y entre tener frío y no poder dormir empezaron a perder la cabeza.
  Tan grave era la cosa?
Que si Ululé! era muy grave. Algunas mujeres llegaban al hospital con quemaduras de tercer grado porque intentaban calentarse como fuera.
  Woow!
Si. Se metían a tinas con agua casi hirviendo, o se colocaban bolsas de agua caliente en el cuerpo hasta quemarse. Pero era muy raro porque todos los demás síntomas neurológicos parecían normales, estaban conscientes de lo que hacían, sabían quienes eran, la memoria intacta, pero - explicaban ellas - tenían mucho frío! Y estaban desesperadas. Los hombres afectados igual.
  Qué paso cuando pusieron al pueblo en cuarentena?
Pues las investigadoras empezaron a tomar muestras y a secuenciar genomas, y trascriptomas, y proteomas... y descubrieron que era.
  Y qué era? un virus?
No, una bacteria.
  Ah entonces si era una infección.
No, la bacteria era de una especie inofensiva que de hecho hace parte de la flora intestinal normal.
  Y entonces? una bacteria oportunista? las mujeres del pueblo tenían alguna deficiencia inmune? No, pero eso no explicaría porque a los hombre casi no los afectó. No entiendo. qué era?
Pues encontraron que en alguien del pueblo, que no pudieron determinar con exactitud quién fue la primera, o el primero, la bacteria había mutado, pero no para infectar nada sino para producir una toxina que pasaba a la sangre y era capaz de cruzar la barrera hematoencefálica. Era pequeñita la toxina. Y esa toxina se ligaba a unos receptores en diferentes partes del cerebro, entre esas, las regiones responsables de discriminar y controlar la temperatura. El núcleo parabranquial lateral creo... ah, y el área preóptica. Y la toxina confundía a las neuronas haciéndolas creer que sentían frío.
  Pero si uno tiene frío el cuerpo responde, no? empieza a quemar más energía, a tiritar, a producir calor, no?
Si, y eso pasaba, y al final muchas murieron de "hipotermia" pero era como si tuvieran una hipotermia crónica extendida por meses. Cuando empezaba el síntoma del frío pasaban varias semanas pudiendo controlarlo con cobijas, chimeneas, calorcito... pero resultó que eso favorecía a la bacteria, y entonces producía más toxina, y las mujeres sentían más frío. Luego empezaban a perder el apetito, pero como el cuerpo estaba tratando de controlar el frío gastaban más energía, entonces empezaron a desnutrirse, entonces las obligaban a comer, y eso solo favorecía a la bacteria y entonces más toxina, más frío, menos sueño, hasta que, como en la hipotermia el cerebro se confunde y terminaban muriéndose.
  Se morían de frío! Y cómo la controlaron?
No pudieron.
  Cómo así que no pudieron?
Los estudios los hicieron rápido, menos de un año, pero a pesar de la cuarentena, entre la gente que quería escapar del pueblo, y la gente de afuera que quería saber qué estaba pasando, la batería se escapó del pueblo.
  Cómo se transmitía?
Pues estaba en el tracto digestivo... contacto con saliva, compartiendo comida, y la bacteria podía resistir viva un par de días por fuera del cuerpo.
  Y cómo no se volvió eso una pandemia? No! espera. Fue una pandemia y yo no supe? Cómo no supe? Que planeta más interesante!
No, no fue una pandemia!
  Cómo así? entonces?
Para cuando empezaron a reportarse casos fuera del pueblo, ya las investigadoras habían encontrado una vacuna.
  Ah si? Cómo hicieron?
Pues en realidad ya estaba disponible.
  Ah?
Si, la enfermedad del frío ataca principalmente a las mujeres.
  Cierto! por qué era eso?
Pues porque no tienen un cromosoma Y. Jajaja.
  Qué?
Resultó que la mayoría de los hombres son resistentes porque tienen una mutación en un pedacito del cromosoma Y que pone un codón de inicio y permite que se transcriba un pedacito chiquito de ARN, que, oh sorpresa! se liga con la toxina y la inactiva.
  Jajaja, en serio?
Si! Más de buenas. Y ya lo tenían desde antes, variación natural que no servía para nada, y tenga, ahora sí. Las investigadoras lo encontraron y desarrollaron la vacuna, al principio un sobrecito con un polvo que que uno diluía en un vaso de agua y eso era todo, te lo daban en cualquier droguería. Después lo que hicieron fue copiar la región del cromosoma Y, y la insertaron en el genoma en el cromosoma X para los nuevos bebes. En todos.
  Cómo así, yo también la tengo?
Pues claro Ululé, tú también eres inmune ahora. Jajaja, me da risa que no sepas lo que llevas en el genoma.
  Ay, perdón! Yo sé que tú te sabes todos los genes, pero yo apenas me se algunos, no es mi área.
Está bien, te perdono.
  Pero y entonces, por qué abandonaron el pueblo?
Ah porque tristemente para cuando entendieron cómo era el asunto, todas las mujeres del pueblo ya se habían muerto.
  Y los hombres?
Los hombres no saben vivir sin las mujeres.
  Ah?
Los hombres susceptibles también murieron, y los otros abandonaron el pueblo. Por supuesto ninguna mujer querría venir a vivir en Lauroci, inmunes o no, es mal agüero.
  Amelia...
Hmmm?
  Abrázame! tengo frío.

Friday, 2 September 2022

El reflejo claro de la oscuridad del lago en la superficie serena de la luna

Era una diosa, pero hasta las diosas se marchitan. En algún punto el cansancio de ser se hizo evidente y a partir de allí comenzó la decadencia. Ni siquiera la voluntad de los dioses es inquebrantable. El tiempo infinito, controlado por ella misma, antes lleno de novedades e ideas, empezó a hacerse aburrido y repetido. Todo lo sabía. No había ya nada que hacer con todo el saber de todos los absolutos. Nada había afuera y todo lo de adentro era insoportablemente conocido. La curiosidad se le apago. Perdió cualquier interés por seguir a los que había creado. No había ninguna satisfacción en crear universos, o destruirlos. No se le ocurrían preguntas o incertidumbres. Todas las certezas eran suyas. Ningún placer en reencarnarse. Su presencia antes extendida en todas dimensiones empezó a desaparecer por los rincones y luego no se le encontraba ni en los templos ni en los corazones. Dejó de ocuparse de su cuerpo, y sus formas y figuras, otrora definidas y metalizadas, se hicieron difusas y neblinosas. Dejó de materializarse aquí y allá y se quedó inmóvil esparcida entre los segundos y la luz. Los inmortales sin hacer se deslíen hasta la inexistencia. 

A pesar de su propia negación y abandono, se mantiene viva todavía en la memoria de sus fieles, yo entre ellos. En lo que dejó creado todavía existen algunos creyentes que, sin saber que ella se ha vencido, aún le hacen ofrendas, alabanzas, y peticiones. Pero su fe se irá debilitando ante la falta de evidencias, la marea de eventos, y el devenir de generaciones que se suceden, hasta que no quede ningún ser que la conozca. Entonces vendrá el ultimo final y su existencia se extinguirá para siempre diluida en el olvido. No sé si lo que creó se mantendrá después de ella, si seguirá funcionando bajo las leyes por ella establecidas, o si seguirá un rumbo azaroso hasta la ruina. No sé si algún otro dios o alguno de los míos tendrá acaso acceso.

Yo la observaba desde lejos y sufría con su decadencia. Me compadecía con orgullo de su destino y me reía noblemente del mío, que es el mismo. La mirada desabrida y apagada de sus últimos tiempos todavía me atormenta. Su desidia me llegó en oleadas distanciadas por eones. Un "Ahora no" cínico y lastimero. Un "Me alegro por ti" humillante y vacío. Un "Qué bueno" sordo y oxidado. Un suspiro como un insulto hueco y seco. Al final solo el silencio. En algún hórrido momento una sonrisa nublada se quedó trabada en su rostro como el último reflejo. 

Yo, que terca, todavía me niego al acabose, prefiero imaginarla altiva y fulminante, hambrienta e inagotable, sonriente y sedienta. Yo, que me aferro torpe y desesperadamente a la sed ciega e inútil que le profeso, la recuerdo en su esplendor. Su piel incendiada de colores, su voz vibrante en todas las frecuencias, su movimiento errático, específico, y sublime, en todas direcciones, el respiro palpitante de sus entrañas, la briza suave que me rozaba cuando se acercaba, su salvaje instinto creador, la claridad de sus ideas feroces y traviesas, el juego deslumbrante de su mirada. Yo, que nunca pude con el peso de su esencia, me mantuve lejos para no perturbar su camino. Sé, con todas las certezas que no hay absolutamente nada que hubiera podido brindarle, nada que en mi hambre y mi afán pudiera darle para modificar el rumbo inamovible que la desvanecía. Fue su elección. La vi derrumbarse sonriente.

Sé que mis universos le eran despreciables, que mis criaturas le eran torpes y agónicas, que las paletas de colores que elegía se le hacían insultos luminosos, los sonidos airados y lastimeros, las leyes irracionales y obtusas. Sé que cuando todavía algo en ella pensaba, me veía igual a como yo la veía. Sé que creía que todo cuanto soy es un declive inútil y doloroso, que nada de ella hay para mí, que soy un largo y extenuante hastío, que estoy perdida desde hace tiempo y para siempre. Yo, que soy una demonio, también me pudro.


The clear reflection of the lake's darkness on the serene surface of the moon

She was a goddess, but even the goddesses wither. At some point the tiredness o being became evident and since then the downward spiral began. Not even the will of the gods is unbreakable. The infinite time, controlled by her, before full of novelties and ideas, became tedious and repetitive. She knew everything. There was nothing to do with all the knowledge of all realities. There was nothing outside and inside everything was unbearable and renowned. Her curiosity waned. She lost all interest for following those she has created. There was not satisfaction in creating universes, neither in to destroy them. Neither questions nor doubts came out of her. She owned all certainties. No more pleasure in reincarnation. Her presence, before widespread across all dimensions, began to fade on the corners and then she was no found in the temples or in the hearts. She stopped caring about her body, and her shapes and figures, once defined and metallic, became dim and blurry. She stopped materializing here and there and remained immobile scattered on seconds and light. Immortals who do nothing, fade to nonexistence.
 
Despite her own denial and neglect, she is still alive in the memory of her believers, me among them. In what she left created, there are some faithful that without knowing she has left, still make her offerings, praises, petitions. But in the absence of evidence, in the tide of events, and in the course of the generations that follow their faith will become weak, until no creature will know her. Then, it will be the last end and her existence will extinguish forever diluted into oblivion. I do not know if what she created will remain after her, if it will continue working under the same laws she stablished, or if it will follow a random journey to its doom. I do no know if another god or maybe any of mines will have access.

I watched her from afar and suffered with her decay. I pitied proudly her fate and laughed humbly to mine, which is the same. Her insipid and dull gaze of the last days still haunt me today. Her indolence came to me in waves spread by eons: A “Not now” shameless and painful; a “I’m happy for you” humiliating and empty; a “Good for you” mute and rusty; a sigh like a hollow and dry affront; and then only the silence. In some dreadful instant a foggy smile got caught up in her face like the last reflection.

I, that stubborn still deny the end, prefer reminding her fiery and fatal, hungry and tireless, smiling and thirsty. I, that clumsy and hopeless hold to the blind and useless eagerness that for her I have, I remember her in all her splendor: Her skin burning in colors; her voice quivering in all frequencies; her movement, erratic, precise, and sublime, in all directions; the beating breathing of her insides; the soft breeze that grazed me when she came close to me; her wild instinct to create; the clarity of her fierce and sicked ideas, the dazzling game of her look. I, that never could bear the weight of her essence, stayed away to not disturb her path. I know, with all the certainties, that there is absolutely nothing I could have given her. Nothing that in my hungry and my ambition I could have provided to change the static path that will end her. It was her choice. I saw her fall smiling.

I know that my universes were insignificant for her, that my creatures were dumb and pale before her eyes, that the color palettes that I chose were for her bright offences, the sounds were annoying and pitiful, the laws were insane and thick. I know that when still something in her was thinking, she saw me the same as I saw her. I know that she believed that everything what I am is just a useless and painful wreck, that nothing on me was worthy of her, that I am a long and grueling boredom, that I got lost long time ago and forever. I, a demon, I rot too.

Thursday, 30 June 2022

Al filo del aroma

Tengo clavado en el centro de la palma de la mano izquierda un haz de luz que la atraviesa. Está ahí incorpóreo, cálido, luminoso. No tiene voz ni futuro, no augura ni recuerda nada. Es puro instante sostenido. Es puro presente inagotado. Yo a veces desde lejos lo miro. No quiero reconocerle ni conversarle. Probablemente desaparecería sublimado. Tampoco es que quiera que se quede. En realidad ilumina poco y poco duele. Está atravesado en la palma de mi mano izquierda como un clavo, o una raíz, o una corazonada, no palpita, ni crece, ni se oxida, pero entra desde un lado de la mano y sale por el otro. Tiene la codicia de extenderse un poco hacia lo lejos pero se apaga antes de ser más largo que la misma mano. Es un haz de luz como cualquier otro y su fuente está a ambos lados. A la mano parece no importarle. En cambio, es a los ojos a los que perturba, como si fuera una advertencia obscena y rebosante, como si supieran los ojos que de acercarse el haz se abriría y les dejaría ver todo lo oscuro. No alumbra demasiado, no titila, ni resplandece, ni deambula, ni flaquea. Siendo solo un instante es siempre el mismo, no hay ningún cambio perceptible. Nace y termina en la mano que lo atraviesa y los bordes externos son solo uno que es el mismo. Que el haz falte a las leyes de la física conocida tiene poca importancia. El haz en si mismo importa poco, y dado que está en esta mano humana no durará demasiado. El universo pues, tal y como lo conocemos y como fue y como será sin nosotros, puede continuar tranquilo sin alterarse por la existencia surreal y efímera de un haz de luz infinito e inmutable atravesándome el centro del dorso de la mano izquierda. Los demás objetos parecen a salvo e imperturbados por su existencia. Aún cuando otra luz me llega hasta la mano, el haz y los rayos de la otra coexisten en el mismo tiempo y en el mismo espacio, ignorantes los unos del otro. Yo que estoy siempre inclinada al experimento los miro de reojo, no mucho tiempo. No quiero que el haz de luz cobre vida alguna o se haga más real o menos. Si desaparece será por si mismo. No invocaré ni a la sabiduría ni al conocimiento para ahuyentarlo o para retenerlo. Ya hice todo antes y no fue ni suficiente ni necesario. No lo alimento, no lo mato de hambre. Como ya dije procuro no prestarle demasiado cuidado. No lo miro muy de cerca ni por mucho tiempo. Si lo hiciera el haz tal vez podría tragarme, y yo probablemente aparecería al otro lado de otra mano que debe ser mía en la dimensión del otro lado de las cosas y los cuerpos, y quien sabe quien será la yo en esa otra dimensión por mí nada conocida. No quiero. No hay razones para arriesgarse al desamparo. Tampoco estoy segura de querer que desaparezca, el haz de luz no me reconforta ni me alimenta, su calor no es diferente al mío, no me atormenta. No me causa tampoco ninguna curiosidad, ya lo conozco, es un haz de luz, se dónde comienza y donde termina, ya no le temo. Tal vez, diría, estoy acostumbrada a su presencia, y como tal lo ignoro y lo minimizo. Sé que no ha estado ahí siempre y tengo el presentimiento de que no durará demasiado. Temo más bien extrañarlo si desapareciera, me dan preocupaciones chiquitas y cortas de que ya no estuviera. A veces creo que ni siquiera me daré cuenta. Que un día en un momento cualquiera en la mano no veré el haz de luz atravesado y no sabré cuándo y cómo se habrá ido, incluso más dudaré de su existencia. No podré saber si fue un invento mío, un sueño, una idea, un cuento para ser escrito, un amor olvidado, un futuro no cumplido. El haz de luz no estará y yo luego de dudar si faltaba algo en el centro del dorso de la mano izquierda la miraré de cerca, cerraré y abriré la mano un par de veces y luego de comprobar que no hay nada raro, ocupada en los quehaceres cotidianos que constituyen la vida volveré a lo mío, resumiré mi existencia ¿El haz? ¿Cuál haz? ¿Acaso ha existido? Mientras tanto mantengo la mano izquierda lejos de mi vista, en la periferia, porque el haz eterno y explicito sigue ahí en el silencio. A veces quisiera imaginar finales apoteósicos y extraordinarios para el haz de luz aburrido, tal vez debería... no, no, mejor no digamos ni imaginemos. No le demos al haz alternativas, ni sugerencias, ni consejos. Su existencia al fin y al cabo nada tiene que ver conmigo. No ha de ser casualidad que esté en mi mano, pero la probabilidad de que no estuviera es la misma. La otra mano, la derecha, escribe un tanto conmocionada de que a pesar de ignorar conscientemente y esforzadamente al haz de luz esté dedicándole todas estas letras. Sabemos ella y yo que hay algo de por medio.

Wednesday, 17 March 2021

Conversación en la mañana

Estamos enfermos. - Dijo Tókero mientras caminaban en la enrojecida tierra. -
¿ah? - Respondió Garatol
Estamos enfermos ¡Enfermos!
Ahhh, otra vez con eso Tóke, si que exageras. - Dijo Garatol dando unos saltos animados. -
Pero es que ¿no te parece?
¡Claro que no! Que cosa contigo. Todos los días es lo mismo, todos los días te quejas de nuestra suerte. Deberías estar agradecido y feliz de que vivimos, de que tenemos que comer. - Replicó Garatol abriendo los brazos para señalar el paisaje que se extendía ante ellos. - Esto es lo que hacemos, es lo que nos mantiene vivos. Enfermos baaa... si qué exageras.
Pero no éramos así antes...
¿Y qué? ¿Acaso eso significa que éramos mejores? No. Las cosas cambian, así es la vida. Solo seguimos adelante, eso es todo. Que ganas de darte demasiada importancia. Solo somos un grupo pequeño, un grupito de gente andando por la vida, hacemos lo que nos corresponde, aprovechamos las oportunidades, no nos metemos con los demás.
Pues de eso hablo Gara, tal vez deberíamos meternos con los demás, tratar de hablar con ellos, propiciar el diálogo, buscar puntos en común, ayudarnos.
¡Jajajaja! ¿ayudarnos? jajajaja.
Si, ayudarnos.
Tóke, Tókero ¿Te hizo daño el desayuno? 
Estoy hablando en serio Gara.
Yo también hablo en serio Tókero. ¿Qué es lo que esperas? ¿Formar una compañía? ¿Unificar el mundo? ¿Qué todos, t o d o s, vivamos tranquilos y felices para siempre?
Yo... yo solo... hubiera querido ser diferente, tener una oportunidad, comer otra cosa... 
Está bien Tóke, todos queremos otras cosas que no tenemos. Pero no por eso nos andamos torturando todos los días. Relájate, tómate algo, esta noche yo prepararé la cena. - Contestó Garatol levantando un brazo. -

Y así siguieron conversando mientras revisaban los cuerpos que habían dejado la batalla y el hambre, y les cortaban los pedazos buenos para llevárselos como comida.


Morning Talk

We are sick! – Said Tokero while walking on the reddened land. – 
ah? – Garatol replied. – 
We are sick, sick!
Ahhh, again with that Toke, you’re raving. – Said Garatol jumping pleased here and there. –
Don’t you think so?
Of course not!  What's it with you? Every day the same thing, every day you moan about our luck. You should be thankful and happy that we are alive, that we have food to eat. – Garatol answered opening his arms showing the landscape that was in front of them. – This is what we do, this is what keep us alive. Sick? Baagghhh, you´re just raving.
But we weren’t like this before…
And? Does that mean we were better? No! Things change, that’s how life is. We only move forward, that’s it. You are just mumbling: "oh, look at me, I’m so important!" We are just a small group of people, a tiny group of people going through life, we do what we must, we take the chances as they come, we don´t mess with others.
Well, that’s what I meant Gara, maybe we should mess with others, talk with others, open a channel, you know? look for a contact, help each other.
Hahahaha! Help each other! Hahahaha. Toke, Tokero, Was breakfast bad for you?
I’m serious Gara.
I’m very serious too Tokero. What’s what you want? Make an alliance? Unite the world? That everyone, e v e r y o n e, have a good and happy life forever after?
I… I only… I only wish all this to be different, have a chance, eat something different, you know?
That’s ok Toke. We all wish things we don’t have. But not because of that we are whining every day. Just relax, drink something, tonight I make dinner! – Replied Garatol raising an arm. – 

And their morning talk kept going while they check the corpses that the battle and famine had left, and cut the good pieces to take them as food.

Monday, 4 January 2021

El silencio de Sinagoda

Las mejores historias son las que no se cuentan. Repetía Sinagoda para sí misma. De las que nadie se entera además de los participantes. Esas que incluso pasan desapercibidas para ellos mismos y solo uno o dos espectadores afortunados tienen la dicha y la fortuna de observarlas. Las historias mejores son las que suceden sin que quede registro ninguno más que el sencillo recuerdo de una o dos almas incompletas que las ejecutan. Por eso a veces guarda silencio. Sinagoda habla demasiado. No la calla nadie. Siempre que está acompañada habla y habla y habla hasta cansarse. Habla para no dejarle tiempo al sentimiento o al agotador silencio que pregunta las cosas importantes. Sinagoda habla para no dejar que los otros sientan el vacío. El problema viene cuando Sinagoda calla, y sabe callarse bien las cosas que se quiere. Las demás las dice sin ton ni son ni importancia alguna. Incluso las cosas graves y pesadas. Sinagoda se las cuenta a los demás sin pena y también sin gloria ni tapujos. Incluso las cosas que podrían avergonzarte, Sinagoda las va contando por ahí sin rodeos. Pero una o dos cosas importantes Sinagoda no las dice. Y lo que ella calla no pasó nunca, nadie lo sabe, no hay testigos. En los ojos a veces se le ve una veta, y allí sabe una que algo se esconde, que Sinagoda habla para esconder secretos, que mide en toneladas las palabras que bota, pero que hay dos o tres palabras que pesa en oro y no dice nunca. Y los que las conocen también callan. Por compromiso, por miedo, por bondad, o por ultraje, nada dicen. A veces es más caro el silencio. A veces saber y no decir tiene más peso. A veces la culpa se la reparten varios y no hay dios que la disculpe. Por eso Sinagoda también se arrepiente. Tres o cuatro veces se arrepiente. Y esas cuatro o cinco le carcomen la vida. Pero así y todo Sinagoda habla para quedarse callada. Habla de más para decir de menos. Y entre una y otra cosa que cuenta ya no está segura de todo lo que dice, ni a quien, ni cuándo. Por eso a veces los amigos le escuchan más de una vez las mismas historias. También por eso es que a veces ella habla de algo como si los demás lo supieran cuando no lo han sabido nunca, y se sorprenden de escuchar por primera vez una historia asombrosa contada por Sinagoda como si fuera lo más corriente y cómo si todos anduvieran enterados, como si fuera una noticia pasada de moda cuando en verdad es un chisme fresco. Pero todos saben que las cosas que dice son cosas de siempre. Son cosas que son ella sin que sean ella misma y que por eso importan solo mientras se escuchan. Pero de lo que Sinagoda no dice, Ay cuánto dieran, cuánto quisieran preguntar los otros por lo que ella guarda. Pero boba no es, así que no se calla y dirige hábilmente la conversación hacia dónde le conviene, y sabe cambiar de tema como se cambia de ropa, sin mirar y sin agüero, y los demás ni siquiera lo notan. De tanto que habla los demás no saben ya que era lo que querían preguntarle. Sinagoda no se calla hasta que está sola.
Sola Sinagoda guarda silencio. No siempre, a veces usa su técnica consigo misma y se habla para no escucharse ni reconocerse las angustias y los misterios. Pero cuando está sola también se permite el silencio, y es ahí que bailan los demonios. Es ahí que se cuelan los fantasmas y las fotografías. Es por entre el silencio que se llenan los despojos de los ojos y los latidos nefastos que le consumen la vida. En silencio Sinagoda escribe palabras que no son suyas ni le pertenecen a nadie. Pero palabras que nombran a todos los conocidos y a cinco o seis desconocidos. Escribe Sinagoda para lavarse las tristezas y los amores mal habidos. Pero más allá de la letra, todavía en el silencio, están las cosas que forman la veta en los ojos de ella. Las que no nombra ni escribe ni pronuncia. Las que le tejen lentamente un nudo de células en la garganta y prometen dejarla sin voz y con seis meses de vida. Sinagoda calla porque las mejores historias son las que no le cuenta a nadie, las que se come, las que respira.

The Room

She put her hair up in a ponytail. It was cleaning day and she was ready. The broom, the mop, the bucket, the cloth, the all-purpose cleaner...