Monday, 15 June 2026

The Absence

As soon as she closed the door, she knew the house was haunted. She couldn’t explain exactly how she knew, but she was certain. During the day it became evident. In the kitchen the dishwasher was empty, the blender vase was in a different place, the crumbs and stains on the counter disappeared. In the living room the lamp will not turn on, the main door would make no sound, the blankets were folded on the corners of the couch. In her room the door was open, and inside it was warm and quiet. There was a deep silence filling the rooms when she walked in. At night it took her a long time to fall asleep. The air in the main bedroom was lighter, like there was not enough oxygen to breathe. It was summer, but in the bed the sheets were cold and rough. She woke up many times during the night, and each time she noticed how the house was getting bigger, dull, strange, unfamiliar. The next morning, she went out to distract herself, but when she came back the house was even more odd. Everything was exactly as she had left it. It seemed like not even the leaves were moving in the trees. She took a shower, got dressed, and sat to work in the puzzle she was doing. Suddenly, the speaker went on in the kitchen, and music started, the living room lamp turned on, the main door opened with a loud sound, and wet footprints appeared at the entry. She smiled in relief. They were back. The house was not haunted anymore, it was alive.

Thursday, 4 June 2026

The Adventurer

The boy saw the small blue box tied with a golden bow, and his curiosity exploded. He waited for a moment when adults were not paying attention, quickly took it and ran to his secret place. There, he slowly untied the bow and opened the lid. The view of five shiny, diamond-shaped chocolates struck him. A light smell of wet forest mesmerized him. He lost track of time while his fingers gently rubbed the chocolates clockwise. He took the one in the middle and carefully took a bite, the ocean flooded his mouth, and a long lasting sweet dark chocolate flavor, all the jungle, filled his senses and his mind. It was like that every bite, and at the end the boy licked the melted chocolate left on his fingers. At that moment he knew, he learned, he understood what a treasure is.

Monday, 11 May 2026

El pollo, el gato y la piedra

El microsegundo en el que se dio cuenta que la pequeña piedra daría en el blanco pareció una eternidad que se fue llenando del arrepentimiento de haber acertado. Ese efímero instante lo transporto a un secreto remoto, silencioso y enterrado. Tendría tal vez unos doce o trece años y por tanto ya lo dejaban quedarse solo en la casa. Así se sentía dueño y responsable de la pequeña finca y de todo lo que había en ella: las cabras en el corral, el cabro en su corral propio, los árboles de ciruela, de cereza, de durazno, y la huerta con sus papayuelas, peras, brevas, moras, zanahorias, curubas, y el tomillo. Al tomillo lo habían plantado hacía poco en esos surcos de la tierra negra y fértil de la sabana y era por ahora el cultivo más novedoso y apreciado de la casa. Con la tierra removida era también el lugar más apreciado por los pollos y gallinas del vecindario que venían a escarbar buscando insectos y gusanos. Esa tarde el niño vio desde la ventana como los pollos estaban otra vez allí revolcando la tierra y dañando el tomillo y no dudo en salir a espantarlos. El camino de entrada a la casa estaba hecho de gravilla y no costaba nada levantar un guijarro y lanzárselo a los pollos para asustarlos. En un santiamén el niño levanto una piedra, apunto a cualquier pollo y la dejo ir. Mientras la veía volar por el aire los acontecimientos se iban grabando para siempre en su memoria: la mano que soltaba la piedra, el pollo con la cabeza clavada en el suelo, la incrédula alegría que iba creciendo a medida que la piedra parecía aproximarse a su objetivo, el pollo que tarde se da cuenta de que algo se aproxima, la cabeza del pollo que se levanta del suelo, el destino de la piedra – que como con Goliat – se encuentra irremediablemente con la cabeza, y el reemplazo gradual e instantáneo de la alegría por la desdicha, la preocupación, y el arrepentimiento. El pollo cayó muerto y en vez de héroe el niño era ahora un villano. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Su imaginación empezó a llenarse de la angustia de las consecuencias de haber matado el pollo de algún vecino. Le pareció escuchar el regaño intenso y desproporcionado de su padre y la tusa que le daría. Como seguro para los adultos eso no sería suficiente también habría regaño por parte de su madre, y habría que buscar al dueño del pollo, entregar el cadáver, ofrecer disculpas, pedir perdón, intentar en vano explicarse. Todo porque el estúpido pollo levantó la cabeza justo a tiempo para encontrarse con la piedra. Y ahora él era el único testigo, el criminal, y el afectado. ¿Qué hacer? Algo había que hacer ¿Cómo no? si finalmente él era el único testigo, nadie más había visto nada. Como en cualquier otro crimen había que eliminar la evidencia, rápido. Se acordó del cabro y de que tenía que limpiarle el corral de los restos de pasto y de sus excrementos y que esos había que enterrarlos en el hueco. A ése mismo hueco fue a parar el cuerpo del pollo y nunca antes había quedado el corral del cabro tan bien limpio. Nadie – pensó el niño – nadie va a escarbar en los excrementos del cabro, tendría que ser muy de malas. Y desde entonces hasta ahora solo él supo, guardó silencio. De la piedra no se supo nada, ya habrá de encontrarse infortunadamente con otra cabeza. Ese secreto remoto, silencioso y enterrado se le vino todo completo en el efímero instante en que se dio cuenta que la pequeña piedra – otra vez – daría en el blanco. Está vez en la cabeza del gato que se cagaba en el jardín de la cabaña y al que otra vez solo quería espantar sin hacerle daño. Esta vez no hubo sombra de alegría – ya conocía la experiencia – sino de una vez la sensación horrible de preocupación y arrepentimiento mientras veía la piedra volar por el aire. Antes de que sucediera se vio otra vez, ahora un hombre, hecho un villano y tuvo tiempo de lamentar haber siquiera levantado la piedra. ¿Qué haría? ¿Esta vez, qué haría? ¿Volvería a ser el único testigo? ¿A buscar donde enterrar el cuerpo sin que nadie lo supiera? ¿A negarle al vecino haber visto el gato? ¿A guardarse otra vez otro secreto enterrado? La piedra alcanzo la cabeza del gato entre los ojos y se escuchó un maullido furioso y sorprendido. El gato dio un brinco y emprendió carrera, asustado, adolorido, pero vivo. Esta vez la desdicha, la preocupación, y el arrepentimiento se diluyeron gradualmente en una alegría descolorida. El gato estaba vivo, el hombre respiró aliviado.

Friday, 6 March 2026

La moneda

Por esas cosas como la suerte y el destino, que son como las brujas, no hay que creer en ellas, pero de que las hay las hay, digase también, la coincidencia, esta bien, la probabilidad de que los sucesos se sucedan de manera sucesiva, o más bien contemporanea, al mismo tiempo, juntos, los dos sucesos sucediendo, y la sorpresa, porque si algo, a pesar de que nuestro cerebro funciona particularmente para encontrar patrones, cuando los encontramos nos sorprenden, como si encontrarlos no fuera cotidiano, la sorpresa de dos eventos juntos, de que eventualmente se haga cierto y sea ahora, el evento: la moneda.
La moneda espera en la oscuridad efímera de la caja, donde vino a parar con el anterior pago y la mano experta de la cajera que la recibe, la mira, abre la caja, y la deposita en el compartimento adecuado que le corresponde a las monedas de la denominación correspondiente, allí fue a parar la moneda que espera.
La mujer camina de la mesa hasta la barra, con una intención ambigua de ser clara al querer tomar algo pero oscura de no saber qué querer tomar, revisa el menú, pregunta a la cajera que espera, revisa, y después de evaluar las posibilidades pide lo mismo de siempre, sin sorpresa, saca la billetera, un billete, paga, la cajera hace la cuenta en su cabeza y la confirma en la caja, abre la caja, la esculca con sus dedos expertos, y saca la moneda que espera, se la da a la mujer como cambio.
La mujer la recibe con la mano extendida, la empuña, regresa hacia la mesa, saca el monedero en el que guarda las monedas y guarda la moneda allí, se sienta a esperar su bebida, la moneda espera en la oscuridad efímera del monedero.
Pasan los días. 
La cajera sale de su casa, camina hasta la tienda de la esquina, sabe exactamente para lo que le alcanza el billete, toma un paquete, una botella, una libra, va hasta la caja donde el cajero de la tienda espera, nadie más en la tienda, la cajera pone las cosas sobre la barra, saca una bolsa, el cajero registra cada cosa, las pone en la bolsa, anuncia el total, recibe el billete, abre la caja, saca la moneda, se la da a la cajera como cambio, se despide de la cajera.
La cajera recibe el cambio, lo revisa, mira a la moneda, conoce su valor, la guarda en el bolsillo del saco, vuelve a su casa.
Ninguna de las dos mujeres se dio cuenta, ninguna supo, que después de darle una vuelta a la ciudad entre bolsillos, monederos, bolsos, cajas, de una mano a otra, no supieron las dos que era la misma moneda. Pero nosotros sabemos.

Friday, 13 February 2026

Motivos y escenarios para llorar

COMMENTARY

Motivos y escenarios para llorar: Una propuesta para expandir las instrucciones de Cortázar, J. 1962

Catalina Palacios1

1 En búsqueda de una institución a la que afiliarse.

 

Correspondencia

Catalina Palacios

palaciosdcata@gmail.com

 

Editor: a ver quién quiere.

 

Resumen

En los humanos, llorar es una actividad vital estrechamente ligada a las emociones. En 1962, Julio Cortazar publicó Instrucciones para llorar, estableciendo los principios de la teoría del llanto. Después de varias décadas de aprendizaje empírico sobre cómo llorar, considero que es necesario expandir esta teoría para incluir los motivos y los escenarios en que el llanto sucede. Aquí, propongo que la intensidad, la duración, y la frecuencia del llanto deben variar de acuerdo con los motivos y los escenarios y sugiero que no existe una única manera correcta de llorar. Además, incluyo instrucciones para responder al llanto de los otros y discuto el futuro de la teoría del llanto.

 

PALABRAS CLAVE

Teoría del llanto, lagrimas, aplicaciones del llanto.

1  |  INTRODUCCIÓN

“Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo.”

Cortazar, 1962.

Llorar es una de las actividades más importantes de la vida humana. Es la primera manifestación de vida en los recién nacidos, la primera forma de expresión y comunicación de los infantes, el método más natural para aliviar las emociones, y la manera más común de despedir a quienes se han ido. Aunque todos los animales con glándulas lagrimales son capaces de producir lágrimas, en los humanos el llanto es una actividad compleja estrechamente ligada a las emociones y provocadora de reacciones especificas en quienes observan.

En 1962 Julio Cortazar publicó, hasta donde tengo conocimiento, las primeras instrucciones para llorar, estableciendo los principios de la teoría del llanto (Cortazar, 1962). Aunque muchos de los elementos fundamentales de la teoría del llanto, como la duración y la intensidad, pueden reconocerse en el manuscrito de Cortazar, este autor no hace distinciones sobre cómo llorar. En consecuencia, pareciera que Cortazar asume, por convicción o por sesgo de la experiencia, que hay una única manera correcta de llorar y que los motivos y los escenarios para llorar pueden dejarse de lado.

En este estudio propongo una expansión de las instrucciones para llorar sugeridas por Cortazar, en la que considero los motivos y los escenarios en los que el llanto se desarrolla y sugiero instrucciones para responder ante el llanto de otros. Además, formalizo la intensidad, la duración, y la frecuencia del llanto como variables que permiten definir esta actividad y caracterizar las diferentes formas correctas de llorar. Espero que esta propuesta permita construir una aproximación más integral a la teoría del llanto.

2  |  MOTIVOS PARA LLORAR

Cortazar argumenta que la manera correcta de llorar es independiente de los motivos. Sin embargo, su caracterización de cómo llorar parece estar suscrita al llanto derivado de la tristeza y no incluye el llanto derivado de otras emociones como la felicidad, o de situaciones más complejas donde el llanto es resultado de la mezcla de emociones, como la rabia y la frustración, o el alivio y la victoria. Además, Cortazar es claro al definir que sus instrucciones aplican en particular al llanto medio u ordinario, lo que nos permite inferir que se refiere a llantos derivados de motivos cotidianos y pasajeros, sin consecuencias trascendentales o definitivas. Aquí en cambio proponemos que hay diferentes formas correctas de llorar dependiendo de los motivos que originan el llanto.

Motivos cotidianos y pasajeros

Estos motivos agrupan cualquier situación que pueda describirse como sencilla, simple, o incluso ridícula, sin que por ello se demerite su importancia. Por ejemplo, la pérdida de un objeto, la discusión con un ser querido o con un colega, el rechazo de la publicación de un artículo o de la aplicación a un trabajo, o incluso el dolor de golpease el dedo pequeño contra la cama. Todos estos ejemplos corresponden a circunstancias asociadas a emociones de tristeza, rabia, dolor o frustración, que, en principio, son limitadas en su efecto y en el tiempo.

En estos casos el llanto corresponde precisamente al descrito por Cortazar en su ensayo, y se pueden seguir sus instrucciones al pie de la letra para reproducirlo, incluido el hecho de que el llanto que “no ingrese en el escándalo, ni insulte a la sonrisa” y que su “duración media sea de tres minutos”. Hay que tener en cuenta que, así como su causa, este tipo de llanto debe ser limitado, su duración es corta, su intensidad leve o media, y corresponde a un único evento.

El llanto que acabamos de describir es similar en duración, intensidad, y frecuencia al derivado de emociones más amables, como la felicidad, el éxito, o el cariño, y por tanto estas emociones se consideran siempre motivos cotidianos y pasajeros. Es el caso de llorar por ejemplo por sustentar la tesis o graduarse, estar junto a la persona que se ama, o por la satisfacción de ver triunfar a un ser querido. Sin embargo, para evitar confusiones entre el llanto derivado de emociones dolorosas y de emociones amables, se recomienda que en el caso de estas últimas junto con la producción de lágrimas se incluyan sonrisas y movimientos de motivación y afecto, como levantar los brazos en señal de satisfacción o de éxito, o abrazar a los otros demostrando camaradería. Este tipo de llanto es probablemente el único que los demás reciben cómodamente y por tanto para los observadores solo se recomienda unirse a las expresiones de motivación y afecto y hacer énfasis en la sonrisa.

Motivos trascendentales y definitivos

En estos motivos se agrupan las perdidas o el daño de seres queridos muy cercanos, las pérdidas de partes del cuerpo propias o las enfermedades terminales, y las pérdidas de lugares o tiempos que son irrecuperables. En estos casos el llanto no es un evento único sino una sucesión de llantos estrechamente conectados cuya intensidad, duración y frecuencia comienzan en valores muy altos, pero van disminuyendo con el paso de tiempo.

El llanto inicial puede catalogarse como desmedido, profundo, ruidoso, exagerado y usualmente requiere un uso intensivo de papel higiénico. Las lágrimas de este llanto son goterones enormes que, de no ser recogidas en el pañuelo o el papel, tienen la propiedad de humedecer extensamente la camisa. Este es el llanto en que los mocos son mucho más pronunciados, y contrario a lo establecido por Cortazar, llorar no se termina en el momento en que uno se suena, sino que el sonarse constituye solo una pausa requerida para tomar aire, luego de la cual la llorada continúa repitiendo el ciclo varias veces. El final de este llanto suele asociarse al extremo cansancio que el evento genera, y la imposibilidad biológica de llorar indefinidamente.

Este es además el caso donde las evidencias físicas del llanto son más claras, con contracciones violentas y profundas del rostro, los ojos y la cara hinchadas, las mejillas rojas, y las venas de la frente pronunciadas. Además, es el llanto más sonoro, con quejidos lastimeros y profundos acompañados de palabras de desolación como ayyy, por qué, no puedo y otras por el estilo. Es normal que este llanto conduzca a la deshidratación y a intensos dolores de cabeza, por lo que se recomienda tomar líquidos ricos en electrolitos luego de las pausas generadas al sonarse, y no hacer actividades que requieran enfocar la atención mientras se llora. 

Este llanto es el más difícil de manejar por parte de los otros, sobre todo porque no hay nada que hacer ante los motivos que lo generan. Por lo tanto, para los sujetos que observan, se recomienda armarse de paciencia y de cariño y acompañar a quien llora, si este lo permite, sin buscar entablar una conversación y sin la pretensión de arreglar nada, en resumen la presencia es suficiente. Sin embargo, también se recomienda que los observadores estén preparados para atender las necesidades del llorante, por ejemplo, disponiendo de pañuelos o papel higiénico extra, teniendo líquidos a la mano, y estando dispuestos a pasar un largo rato aburridos en silencio con la atención en quien llora, sin por ejemplo revisar el celular, hacer preguntas bobas, o quedarse dormido.

Con el tiempo, en proporción al motivo original, este llanto se transforma en uno más leve y tranquilo, parecido al derivado de motivos cotidianos y pasajeros, pero teñido de nostalgia y con una tristeza extendida que se percibe en el aire.

3  |  ESCENARIOS PARA LLORAR

El llanto público

En público, solo situaciones asociadas a motivos trascendentales y definitivos parecen justificar el llanto ruidoso y exagerado. En estos casos es recomendable acompañar las lágrimas de exclamaciones de dolor y de movimientos corporales erráticos que bien sugieran la intención de abandonar el lugar, el abandono (arrojo o aferro) ante el objeto que representa el motivo del llanto, o una debilidad física insostenible que usualmente debe terminar en un desmayo. En estos casos es indispensable la participación de otros en asistir a quien llora, procurándole pañuelos para recoger las lágrimas y los mocos, líquidos para incorporar pausas de silencio y respiro indispensables durante el llanto, y buscando una silla u otro lugar donde sentar a quien llora para minimizar el daño en caso de que se desmaye y para alejarlo física y metafóricamente de los otros o del motivo del llanto.

Algunos autores sostienen que el llanto público debería guardar unas proporciones que permitan mantener la integridad de la dignidad, entendiendo por esto que quien llora no se descomponga ante otros y pueda hacerse responsable de su llanto sin asistencia externa. Cortazar pareciera adherirse a esta visión sugiriendo que el llanto no debe ingresar en el escándalo, aun cuando el autor no especifica el escenario en que sus instrucciones aplican.

En estos casos es importante que quien llora, especialmente aquellos que son llorantes crónicos, estén debidamente preparados. Esta preparación incluye la costumbre de guardar pañuelos o papel higiénico en los bolsillos de los abrigos y las chaquetas, preferiblemente manteniendo disponible una reserva en el bolso o la maleta. Cuando se presienta el llanto, se debe sacar el pañuelo o papel y sostenerlo en la mano como anuncio de lo que viene. El llanto en sí mismo corresponde con la caracterización hecha por Cortazar con "una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos". Sin embargo, tanto los sonidos como los mocos deben mantenerse al mínimo posible y las lágrimas deben dejarse correr hasta la mitad de las mejillas. En este punto es debido recogerlas con el pañuelo o el papel, haciendo un movimiento lento pero evidente, que demuestre el dominio de la persona sobre el llanto. Este movimiento se puede hacer manteniendo la cabeza en alto si quien llora quiere demostrar una dignidad desafiante, o bajando la cabeza hacia el pecho si se quiere demostrar una dignidad recatada y afligida. Ante un evento de llanto inesperado, cuando no hay pañuelos o papel disponible, es recomendable siempre mantener la cabeza en alto y dejar las lágrimas rodar por la cara y el cuello hasta perderse ellas mismas por entre la camiza o el abrigo, sin limpiarlas.

Los infantes tienen permitido un escenario público adicional que está vetado para los adultos y que corresponde a un tipo de llanto bien definido: las rabietas o berrinches. Este tipo de llanto en realidad puede ocurrir en cualquier lugar y momento, siendo más frecuente en centros comerciales y justo antes de salir de casa o cuando se va tarde para alguna cita. Los berrinches son resistentes a cualquier tipo de instrucción ya que corresponden a un desarrollo artístico y natural que quién llora, por lo que pueden variar considerablemente en cuanto a la intensidad y la duración, así como en la cantidad de lágrimas y en la sinceridad del llanto. En este caso, le corresponde a los padres o tutores del infante atender el berrinche, y es recomendable que los demás sujetos presentes continúen su camino y se abstengan de intervenir. Sin embargo, se sugiere observar la situación desde una distancia prudente y por cortos intervalos de tiempo, así como mostrar una simpatía aprobatoria o acusatoria hacia los tutores y hacia el menor, de acuerdo con la experiencia previa y la impresión que el berrinche genere en el sujeto que observa.

A pesar de las instrucciones que acabamos de exponer, y con la excepción de los berrinches, dado que llorar es una de las actividades humanas que más genera incomodidad en los otros, no hay escenarios públicos que se consideren adecuados para el llanto. Por esto sugiero que, ante la inminencia de llorar, se procure el desplazamiento inmediato a un escenario privado donde quien llora se encuentre idealmente solo o acompañado de una o máximo dos personas de su entera confianza. 

El llanto privado

En este escenario, si quien llora se encuentra solo, se sugiere dar rienda suelta al llanto, sin limitarse en cuanto a la intensidad y la duración de este, y acompañándolo de los sonidos o los movimientos que más generen alivio al llorante. Se sugiere por ejemplo hacerlo en su habitación a puerta cerrada, buscando siempre una posición confortable como sentado en la cabecera de la cama, con las piernas recogidas sobre el sofá, o en caso extremo agazapado en el piso con la espalda contra la pared y de preferencia en una esquina del cuarto. La evidencia sugiere que es muy importante en este escenario sentirse cubierto o protegido, por lo que apoyar la espalda contra la cama, el sofá, la pared o en últimas el piso, o enrollarse en una manta o en las cobijas, parece ayudar para disminuir la intensidad y la duración del llanto. También es recomendable, en caso de que la llorada se extienda, cambiar de posición o hacer caminatas alrededor del cuarto para generar pausas que rompan con la monotonía del llanto.

4  |  CONSIDERACIONES FINALES PARA LA TEORÍA DEL LLANTO

Como espero sea evidente a partir de la discusión de los motivos y los escenarios, existen diferentes maneras correctas de llorar, y aunque hay elementos comunes entre ellas, la duración la intensidad y la frecuencia permiten diferenciarlas claramente.  Para quien llora es importante reconocer sus motivos y el escenario en el que se encuentra para producir el llanto adecuado. A su vez, las características del llanto permiten que quienes observan infieran la gravedad del evento y respondan de manera acorde, aun cuando desconozcan el motivo específico del llanto. Considero que esta propuesta de la expansión de la teoría del llanto abre otras rutas de investigación en el campo y permite una visión más integra de llorar. Es importante resaltar que aquí no hemos analizado o discutido otros aspectos de la teoría, como los propósitos o la sinceridad del llanto, o situaciones más complejas como cuando no es una sola persona sino son varias las que lloran. Futuros estudios en la teoría del llanto deberían enfocarse en abordar estos aspectos.

CONTRIBUCIONES DE LOS AUTORES

C.P. diseño el estudio y es responsable por la metodología, el análisis, la escritura, y las lágrimas lloradas.

AGRADECIMIENTOS

Este artículo surge como una respuesta alternativa al llanto motivado por la frustración y la tristeza derivada de aplicar a trabajos científicos en los Estados Unidos en medio de la situación política y social actual. Por lo anterior, agradezco a todos aquellos que son capaces de empatizar ante esta situación y que, a pesar del llanto, siguen trabajando por la ciencia y la educación.    

DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERESES

La autora declara tener todos los conflictos y todos los intereses del caso ante la negativa de People Architects de seguir adelante con la consideración de su aplicación para la posición de Curadora de Ornitología del Museo de Historia Natural de Cleveland.

REFERENCIAS

Cortázar, Julio, 1962. Instrucciones para Llorar. En Historias de cronopios y de famas. "Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.


 

Tuesday, 16 April 2024

El camino de la bruja

No vayas donde tu hermana - le advirtió el oráculo - no volverás viva.
La mirada húmeda de la bruja se alejó del espejo de agua que le hablaba. ¡Cómo si tuviera alguna alternativa! Pensó mientras se alejaba lentamente del lago que se desvanecía en los rincones oscuros de lo inexistente y sin embargo posible. Los delicados hilos que forman la intrincada red de la realidad se han ido tejido desde el principio del principio y aún ante la certeza del libre albedrío todos lo hilos están atados y halan con fuerza. La decisión ante cualquier pequeña o grande decisión es siempre la misma: seguir siendo una misma o ser otra. La otra que no se elije no existió nunca. Tenía el paso cansado y la boca seca, sabía lo que le esperaba al otro lado de la montaña. En ese rincón inmundo que es el mundo los humanos respiran miedo y supuran rabia. Ella misma sabe desde la raíz que no hay forma alguna de ser inocente. Tiene claro que la culpa no es esa culpa cristiana de la que un dios inexistente puede absolverle. La "culpa", la "desventaja", el "privilegio" son solo otro rasgo inseparable de estar vivo aquí y ahora. Sabe cada culpa de las suyas propias. Sabe de las que se ha hecho cargo y de las que tal vez deberá enfrentar luego. Los sueños premonitorios han sido mucho más claros que la voz del oráculo. ¡Valiente Oráculo! mascullo para ella misma ¡Hubiera dicho algo nuevo! Ya sabía. Pero saber es parte de la culpa. Y culpable era. Cuando emprendió la marcha se vio a si misma andar el camino. Vio cada curva, cada quebrada, los colores oscuros del bosque en la montaña, el frío anestésico del páramo en la mañana. Se vio caminar por horas largas cargadas de pensamientos masticados y escupidos, empapadas de la selección minuciosa de las palabras concretas que deberían ser dichas cuando llegara. Se vio elegir cada una y ponerlas en el orden correspondiente para que fueran claras pero amables, seguras pero abiertas. Se vio a si misma satisfecha de elegir las frases que le serían más adecuadas. Apenas unos pasos llevaba cuando se vio a si misma unos días más tarde reírse ante la certeza explicita de que sus palabras, sin importar el detalle y el cuidado con el que fueron elegidas, serían inútiles. Y vio en su rostro las arrugas que se le formaban en la frente tratando de pasarse el trago amargo de saber que hacer lo debido la conducía siempre al mismo desatino. Cuando el sol empezaba a desaparecer en el horizonte y el lugar donde había estado el lago apenas empezaba a perderse en la distancia, la bruja seguía dibujando en su cabeza la secuencia exacta e ininterrumpida de lo que haría los días siguientes. Se vio llegar a la ciudad el amanecer del cuarto día, mientras lo perros callejeros se peleaban por un trozo de tela ensangrentado y la panadera le ofrecía un vaso de agua al verla descalza y sucia tras el viaje. Siguió su paso entre las calles empedraras y las casas pintadas de colores tratando de ocultar los estragos de la guerra. Escuchó las voces de los borrachos amanecidos que aún cantaban en los bares iluminados, y el llanto de los chiquillos que se despertaban a deshoras arrancando del sueño a sus padres cansados. Vio a la luz del sol irse alzando desde ese blanco suave y brumoso casi frío, hasta ese amarillo lineal, intenso y ardiente. Se vio extender la mano huesuda para tocar en la puerta que se abriría para dejarla pasar. Escucho a lo lejos la voz de su hermana llamarla por el nombre por el que ella ya no respondía, y por enésima vez sintió esa voluntad casi inhumana de no responderle y largarse sin decir lo que tenía que decir. Pero sabía que lo tenía que decir, y se escucho así misma imponerse la calma ayudándose de una respiración profunda y resignada. Cuando había andado suficiente ese día busco un árbol grande no muy lejos del camino para descansar la marcha, se dejó caer de un solo golpe ante la base de las raíces del gran árbol y abrazo su bastón de madera hasta quedarse dormida, mientras seguía repasando en la cabeza los eventos a los que acudiría en unos cuantos días. Siguió con cuidado y con los ojos cerrados la conversación con su hermana, la voz de ella elevándose cada vez más hasta que los oídos dolieran, el desacuerdo permanente y ubicuo, le negativa repetida una y otra vez hasta el cansancio, la solicitud de convocar a los otros miembros del consejo, las preparaciones para que vinieran, la espera silenciosa mientras los mensajes les llegaban, el golpe en la puerta del palacio tras la llegada de cada uno. Se quedó dormida. La mañana del día siguiente, tal cual la había imaginado el día anterior, era tibia y húmeda. Todavía había camino antes de subir la montaña. Revolcó el interior de su mochila buscando alguna cosa que comer y encontró un pedazo de algo que se metió en la boca sin pensar demasiado. En cambio, llevo su mente a esos días más tarde cuando el consejo reunido la escuchaban. Levantó su voz hasta ese tono fuerte en que todos podían escucharla pero no suficiente para que se entendiera más allá de la puerta cerrada. Trajo en el orden preciso en que las había elegido las frases exactas que días antes por el camino había organizado. Escucho al principio los murmullos incrédulos de los ministros, sintió luego la discusión creciente ante su "fuimos nosotros", y finalmente las voces airadas y ensordecidas ante su "debemos admitirlo". Los miro, desde el camino, uno por uno, una por una, primero sentados en sus sillas en el cuarto enorme de la reunión de los altos ministros, levantándose luego de sus sillas ante la discusión de la que ella ya no hacía parte, y vio a su hermana al final de la mesa tratando de calmarlos, pidiendo orden, tratando de aminorar las palabras de la bruja, de convencerlos de que no era necesario. El sol pasaba ya hacia la tarde y entre ir y venir entre los días futuros y el momento presente iba eligiendo las palabras que diría y en cómo esta sí y esta no, mientras al mismo tiempo veía a los ministros pedirle que dejara la cámara y confirmaba en el rostro triste y seguro de su hermana el veredicto. ¡Valiente Oráculo que no dijo nada nuevo! Se acordó del día anterior y de la larga búsqueda de la que había hecho parte para poder encontrar al oráculo que debía haberle dado una opción diferente, alguna buena noticia, como si fuera tarea de los oráculos alimentar la esperanza. Bueno - balbuceo - también que culpa el Oráculo... ya sabíamos. Alguna otra cosa minúscula habría de comer entre su mochila, y añoró el vaso de agua y la hogaza de pan que la panadera le daría dos días más tarde cuando llegara de madrugada a la ciudad. En cambio no se le antojo para nada el banquete que su hermana la ministra le hizo preparar la noche antes, con esa idea suya de que gastar era suficiente para limpiar el alma. Vio la tristeza de su hermana perseguirla entre las palabras que le decía mientras la bruja escuchándola en silencio cortaba un pedazo de ese pollo que olía delicioso pero que presagiaba la hoguera. Le vio la confusión en los ojos que solo querían lo mejor para ella pero que no podían ver ni entender lo mismo que los ojos de la bruja, y le vio la resignación aguda ante la impotencia de no poder convencerla de que se retractara ante el consejo de los ministros verdugos. El pollo también tenía claro su destino, y la hogaza de pan siempre fue más amable. Se equivocó en pensar que le alcanzaría el día para llegar hasta la piedra aquella en la curva del camino detrás del árbol alto y encorvado. Habrá que apurar el paso mañana que no hay que llegar tarde a ese vaso de agua ni a la muerte, pensó. Aunque no le afanaban para nada los pasos de las ministras al entrar en el cuarto, ni sus voces sinceras preguntándole curiosas por el viaje y el oráculo, tratando ellas mismas de prever las minucias de la reunión que casi comenzaba. Tampoco la afanaban los pasos de las mismas ministras saliendo del cuarto indignadas y atormentadas, sin despedirla, y sin procurarle ningún otro pensamiento. Ellas también sabían. Entre las sombras de la noche iluminada encontró la piedra aquella detrás del árbol encorvado y alto en la curva del camino, y le dio la vuelta para acurrucarse detrás de ella y dormir un rato. Esa piedra, después de todo era más amiga suya que las mujeres y los hombres de la ciudad que primero le habían pedido encontrar una solución a la guerra y que ahora que la traía la acusarían de traidora y de bruja, como si no hubieran sabido desde siempre, desde cuando crecieron juntos, que bruja había sido siempre. Soñó otro de esos sueños premonitorios que ya habían sucedido o que sucederían luego, soñó con una mujer que no era ella pero era ella misma y que en un cuarto sin ventanas respondía "Siento que esto esté pasando. Yo también pienso que no debería ser tan importante. Quise decir que no estoy segura todavía que decisión tomar sobre lo que debería hacer yo misma." Y sintió el desánimo y la incertidumbre de esa mujer como las suyas propias. Pero sin terminar el sueño la esperaba la mañana del tercer día después del oráculo, y la mañana del sexto día después del oráculo, el último día. Se sacudió las rodillas, se subió la medias, se colgó la mochila y abrazó a su bastón de madera como si en el estuvieran guardados todos los buenos recuerdos y retomó el camino y el pensamiento. Se vio levantarse en la mañana del ultimo día para descubrir sin sorpresa alguna que la puerta de su cuarto estaba cerrada desde afuera y que este ya no era su cuarto en la casa de su hermana sino una prisión en el palacio de la primera ministra. Se vio buscar entre sus cosas que ya eran pocas, las pocas cosas que quería que la acompañaran en los últimos momentos, se trago de un solo bocado el anillo de plata, pero se tomo largos minutos para lamer el papel en el que antes había envuelto un chocolate. Supo que era la hora de llorar a quienes no volvería a ver y las lágrimas le empaparon las manos y la ropa. Toda su venganza consintió en limpiarse los mocos con las sabanas de la cama. Y se vio terminar los sollozos a tiempo para cuando los pobres soldados que solo seguían ordenes vinieron a buscarla. Entonces era la hora del almuerzo, pero ya entre su mochila no había migajas de nada que fuera comestible y sabía que debía dejar la envoltura del chocolate para luego. El frio anestésico del paramo era a esa hora más bien un frio quemante que le cuarteaba la piel de los labios y le blanqueaba las uñas, pero los colores eran de ensueño y juró que no olvidaría esos ojos azules ni el borde anaranjado de las hojas de los frailejones. Sintió que las piernas le fallaban, como sabía que le fallarían tres días más tarde de camino hacia la plaza. Se vio a si misma maldecir en diferentes lenguas mientras avanzaba arrastrada por los cuatro soldados que la custodiaban en silencio. Pensó en qué maldiciones usaría, después de todo era una bruja y era necesario completar el rito. "Que a este se le caigan los botones de la camisa" pero en Sigiba, "Que a este se le olvide donde dejó las llaves" pero en Ocroli, "Que a ese le pique donde no pueda rascarse" pero en Igliño. El idioma que haya que usar para no revelar el misterio, pensó mientras se burlaba estúpidamente de la benevolencia de sus maldiciones inútiles pero necesarias. Apuraba el paso en el camino que atravesaba el bosque de colores oscuros en la montaña. Se asusto un poco y se lleno de tristeza cuando se vio a si misma gritar delante de la hoguera que ya estaba lista "fuimos nosotros, podemos corregirlo", y se echó a reír ante la inutilidad des sus palabras. Escucho como entre las casas algunos quienes obedientes le ofrecían unos gritos cortos de acuerdo y compasión pero sin persistencia. En cambio no vio ni a su hermana, ni a los ministros, ni a las ministras que ya estaban entonces reunidos buscando algún otro para que fuera en busca de un nuevo oráculo que los salvara de la guerra. No se sorprendió, ya lo sabía, los ministros respirando miedo y supurando rabia no asisten a presenciar la hoguera. Se encontró con la noche a la salida del bosque y a lo lejos vio las luces de la ciudad que se iban encendiendo. Se detuvo allí sin darse cuenta y se le estremeció la piel como se le estremecería dos días más tarde al sentir las primeras brazas de la hoguera. Quiso dar un paso más pero no pudo. La tranquilidad y la belleza que le llegaban del bosque y de los campos extendidos hasta la ciudad la abrigaban con cariño. Sintió cómo el estomago le crujía. Se acordó que ese día no había comido, y añoró más que nada la hogaza de pan y el envoltorio del chocolate. La bruja siguió su camino.

Wednesday, 14 December 2022

Conversación antes de la cena / Conversation before dinner

Who is he?
  My lawyer.
What is he doing here?
  He is with me.
Yeah, but why?
  For consultation, obviously. It's always better to have your lawyer's opinion.
Consultation about what?
  I don't know. You never know when you are going to need your lawyer's consultation.
But this is a dinner.
  Yes, I know.
And we are meeting friends only.
  Yes, I hope so.
So, what is he doing here?
  He is with me.
Yes, but why a lawyer?
  Oh, he wanted to be a lawyer. That I did not choose it for him.
What?
  What?
...
   I have an editor too.
And editor?
  Yes, I enjoy having an editor. It's so nice to have someone correcting your grammar all the time.
Is it?
  Yes, It is. Although I don't bring the editor to dinner. Apparently other people do not like to be correct.
You mean, to be corrected.
  Oh, no, I meant to be correct.
... 
   ...
Well! to be corrected all the time could be a little annoying, really!
  Right!
Right.
  Yes.
What?
  Ah?
Forget it. So, does your editor work for a journal or is he independent?
  He works for a tiny law firm.
That is unusual.
  Is it? I don't know.
Wait! do your editor and your lawyer work together?
  Yes, in fact they do. All the time.
Hahaha, that sounds interesting.
  It's quite. I also have a lover in the same law firm.
What?...
  Hey, welcome back. This is Andrew!
    Hi Andrew. Nice to meet you.
Nice to meet you too.
- This way please!
Thank you.
  Thanks.
    Thank you.

The Room

She put her hair up in a ponytail. It was cleaning day and she was ready. The broom, the mop, the bucket, the cloth, the all-purpose cleaner...