Monday, 6 July 2026

The Room

She put her hair up in a ponytail. It was cleaning day and she was ready. The broom, the mop, the bucket, the cloth, the all-purpose cleaner, the wood cleaner, the bathroom cleaner, the bleach, the vacuum cleaner, the garbage can… the gloves were on! She liked the idea of putting in place all the little things for daily life to come and mess up with them again. She swept in the kitchen, mopped in the living room, scrubbed in the bathrooms, vacuumed in the bedrooms, and dusted all windows, tables, desks, and drawers. All this to the festive rhythm of the music specially chosen for such chores. It was almost done but there was the room with the closed door. As she had done other times, she slightly opened the door, just a bit, and a deep smell like sadness and anger came out from it. She couldn’t see well inside because it was very dark, but she could see some shadows moving around and she could hear their voices. She couldn’t recognize the words but she understood the tone, the confusion, the grief. She knows that room is not hers to clean. She knew so from the first moment. She closed the door carefully, cleaned the outside of it with the cloth hoping she was not making it worse, and went away a little bit sad thinking, what’s going to happen when he finally decides to clean that room?

Monday, 15 June 2026

The Absence

As soon as she closed the door, she knew the house was haunted. She couldn’t explain exactly how she knew, but she was certain. During the day it became evident. In the kitchen the dishwasher was empty, the blender vase was in a different place, the crumbs and stains on the counter disappeared. In the living room the lamp will not turn on, the main door would make no sound, the blankets were folded on the corners of the couch. In her room the door was open, and inside it was warm and quiet. There was a deep silence filling the rooms when she walked in. At night it took her a long time to fall asleep. The air in the main bedroom was lighter, like there was not enough oxygen to breathe. It was summer, but in the bed the sheets were cold and rough. She woke up many times during the night, and each time she noticed how the house was getting bigger, dull, strange, unfamiliar. The next morning, she went out to distract herself, but when she came back the house was even more odd. Everything was exactly as she had left it. It seemed like not even the leaves were moving in the trees. She took a shower, got dressed, and sat to work in the puzzle she was doing. Suddenly, the speaker went on in the kitchen, and music started, the living room lamp turned on, the main door opened with a loud sound, and wet footprints appeared at the entry. She smiled in relief. They were back. The house was not haunted anymore, it was alive.

Thursday, 4 June 2026

The Adventurer

The boy saw the small blue box tied with a golden bow, and his curiosity exploded. He waited for a moment when adults were not paying attention, quickly took it and ran to his secret place. There, he slowly untied the bow and opened the lid. The view of five shiny, diamond-shaped chocolates struck him. A light smell of wet forest mesmerized him. He lost track of time while his fingers gently rubbed the chocolates clockwise. He took the one in the middle and carefully took a bite, the ocean flooded his mouth, and a long lasting sweet dark chocolate flavor, all the jungle, filled his senses and his mind. It was like that every bite, and at the end the boy licked the melted chocolate left on his fingers. At that moment he knew, he learned, he understood what a treasure is.

Monday, 11 May 2026

El pollo, el gato y la piedra

El microsegundo en el que se dio cuenta que la pequeña piedra daría en el blanco pareció una eternidad que se fue llenando del arrepentimiento de haber acertado. Ese efímero instante lo transporto a un secreto remoto, silencioso y enterrado. Tendría tal vez unos doce o trece años y por tanto ya lo dejaban quedarse solo en la casa. Así se sentía dueño y responsable de la pequeña finca y de todo lo que había en ella: las cabras en el corral, el cabro en su corral propio, los árboles de ciruela, de cereza, de durazno, y la huerta con sus papayuelas, peras, brevas, moras, zanahorias, curubas, y el tomillo. Al tomillo lo habían plantado hacía poco en esos surcos de la tierra negra y fértil de la sabana y era por ahora el cultivo más novedoso y apreciado de la casa. Con la tierra removida era también el lugar más apreciado por los pollos y gallinas del vecindario que venían a escarbar buscando insectos y gusanos. Esa tarde el niño vio desde la ventana como los pollos estaban otra vez allí revolcando la tierra y dañando el tomillo y no dudo en salir a espantarlos. El camino de entrada a la casa estaba hecho de gravilla y no costaba nada levantar un guijarro y lanzárselo a los pollos para asustarlos. En un santiamén el niño levanto una piedra, apunto a cualquier pollo y la dejo ir. Mientras la veía volar por el aire los acontecimientos se iban grabando para siempre en su memoria: la mano que soltaba la piedra, el pollo con la cabeza clavada en el suelo, la incrédula alegría que iba creciendo a medida que la piedra parecía aproximarse a su objetivo, el pollo que tarde se da cuenta de que algo se aproxima, la cabeza del pollo que se levanta del suelo, el destino de la piedra – que como con Goliat – se encuentra irremediablemente con la cabeza, y el reemplazo gradual e instantáneo de la alegría por la desdicha, la preocupación, y el arrepentimiento. El pollo cayó muerto y en vez de héroe el niño era ahora un villano. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Su imaginación empezó a llenarse de la angustia de las consecuencias de haber matado el pollo de algún vecino. Le pareció escuchar el regaño intenso y desproporcionado de su padre y la tusa que le daría. Como seguro para los adultos eso no sería suficiente también habría regaño por parte de su madre, y habría que buscar al dueño del pollo, entregar el cadáver, ofrecer disculpas, pedir perdón, intentar en vano explicarse. Todo porque el estúpido pollo levantó la cabeza justo a tiempo para encontrarse con la piedra. Y ahora él era el único testigo, el criminal, y el afectado. ¿Qué hacer? Algo había que hacer ¿Cómo no? si finalmente él era el único testigo, nadie más había visto nada. Como en cualquier otro crimen había que eliminar la evidencia, rápido. Se acordó del cabro y de que tenía que limpiarle el corral de los restos de pasto y de sus excrementos y que esos había que enterrarlos en el hueco. A ése mismo hueco fue a parar el cuerpo del pollo y nunca antes había quedado el corral del cabro tan bien limpio. Nadie – pensó el niño – nadie va a escarbar en los excrementos del cabro, tendría que ser muy de malas. Y desde entonces hasta ahora solo él supo, guardó silencio. De la piedra no se supo nada, ya habrá de encontrarse infortunadamente con otra cabeza. Ese secreto remoto, silencioso y enterrado se le vino todo completo en el efímero instante en que se dio cuenta que la pequeña piedra – otra vez – daría en el blanco. Está vez en la cabeza del gato que se cagaba en el jardín de la cabaña y al que otra vez solo quería espantar sin hacerle daño. Esta vez no hubo sombra de alegría – ya conocía la experiencia – sino de una vez la sensación horrible de preocupación y arrepentimiento mientras veía la piedra volar por el aire. Antes de que sucediera se vio otra vez, ahora un hombre, hecho un villano y tuvo tiempo de lamentar haber siquiera levantado la piedra. ¿Qué haría? ¿Esta vez, qué haría? ¿Volvería a ser el único testigo? ¿A buscar donde enterrar el cuerpo sin que nadie lo supiera? ¿A negarle al vecino haber visto el gato? ¿A guardarse otra vez otro secreto enterrado? La piedra alcanzo la cabeza del gato entre los ojos y se escuchó un maullido furioso y sorprendido. El gato dio un brinco y emprendió carrera, asustado, adolorido, pero vivo. Esta vez la desdicha, la preocupación, y el arrepentimiento se diluyeron gradualmente en una alegría descolorida. El gato estaba vivo, el hombre respiró aliviado.

Friday, 6 March 2026

La moneda

Por esas cosas como la suerte y el destino, que son como las brujas, no hay que creer en ellas, pero de que las hay las hay, digase también, la coincidencia, esta bien, la probabilidad de que los sucesos se sucedan de manera sucesiva, o más bien contemporanea, al mismo tiempo, juntos, los dos sucesos sucediendo, y la sorpresa, porque si algo, a pesar de que nuestro cerebro funciona particularmente para encontrar patrones, cuando los encontramos nos sorprenden, como si encontrarlos no fuera cotidiano, la sorpresa de dos eventos juntos, de que eventualmente se haga cierto y sea ahora, el evento: la moneda.
La moneda espera en la oscuridad efímera de la caja, donde vino a parar con el anterior pago y la mano experta de la cajera que la recibe, la mira, abre la caja, y la deposita en el compartimento adecuado que le corresponde a las monedas de la denominación correspondiente, allí fue a parar la moneda que espera.
La mujer camina de la mesa hasta la barra, con una intención ambigua de ser clara al querer tomar algo pero oscura de no saber qué querer tomar, revisa el menú, pregunta a la cajera que espera, revisa, y después de evaluar las posibilidades pide lo mismo de siempre, sin sorpresa, saca la billetera, un billete, paga, la cajera hace la cuenta en su cabeza y la confirma en la caja, abre la caja, la esculca con sus dedos expertos, y saca la moneda que espera, se la da a la mujer como cambio.
La mujer la recibe con la mano extendida, la empuña, regresa hacia la mesa, saca el monedero en el que guarda las monedas y guarda la moneda allí, se sienta a esperar su bebida, la moneda espera en la oscuridad efímera del monedero.
Pasan los días. 
La cajera sale de su casa, camina hasta la tienda de la esquina, sabe exactamente para lo que le alcanza el billete, toma un paquete, una botella, una libra, va hasta la caja donde el cajero de la tienda espera, nadie más en la tienda, la cajera pone las cosas sobre la barra, saca una bolsa, el cajero registra cada cosa, las pone en la bolsa, anuncia el total, recibe el billete, abre la caja, saca la moneda, se la da a la cajera como cambio, se despide de la cajera.
La cajera recibe el cambio, lo revisa, mira a la moneda, conoce su valor, la guarda en el bolsillo del saco, vuelve a su casa.
Ninguna de las dos mujeres se dio cuenta, ninguna supo, que después de darle una vuelta a la ciudad entre bolsillos, monederos, bolsos, cajas, de una mano a otra, no supieron las dos que era la misma moneda. Pero nosotros sabemos.

Friday, 13 February 2026

Motivos y escenarios para llorar

COMMENTARY

Motivos y escenarios para llorar: Una propuesta para expandir las instrucciones de Cortázar, J. 1962

Catalina Palacios1

1 En búsqueda de una institución a la que afiliarse.

 

Correspondencia

Catalina Palacios

palaciosdcata@gmail.com

 

Editor: a ver quién quiere.

 

Resumen

En los humanos, llorar es una actividad vital estrechamente ligada a las emociones. En 1962, Julio Cortazar publicó Instrucciones para llorar, estableciendo los principios de la teoría del llanto. Después de varias décadas de aprendizaje empírico sobre cómo llorar, considero que es necesario expandir esta teoría para incluir los motivos y los escenarios en que el llanto sucede. Aquí, propongo que la intensidad, la duración, y la frecuencia del llanto deben variar de acuerdo con los motivos y los escenarios y sugiero que no existe una única manera correcta de llorar. Además, incluyo instrucciones para responder al llanto de los otros y discuto el futuro de la teoría del llanto.

 

PALABRAS CLAVE

Teoría del llanto, lagrimas, aplicaciones del llanto.

1  |  INTRODUCCIÓN

“Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo.”

Cortazar, 1962.

Llorar es una de las actividades más importantes de la vida humana. Es la primera manifestación de vida en los recién nacidos, la primera forma de expresión y comunicación de los infantes, el método más natural para aliviar las emociones, y la manera más común de despedir a quienes se han ido. Aunque todos los animales con glándulas lagrimales son capaces de producir lágrimas, en los humanos el llanto es una actividad compleja estrechamente ligada a las emociones y provocadora de reacciones especificas en quienes observan.

En 1962 Julio Cortazar publicó, hasta donde tengo conocimiento, las primeras instrucciones para llorar, estableciendo los principios de la teoría del llanto (Cortazar, 1962). Aunque muchos de los elementos fundamentales de la teoría del llanto, como la duración y la intensidad, pueden reconocerse en el manuscrito de Cortazar, este autor no hace distinciones sobre cómo llorar. En consecuencia, pareciera que Cortazar asume, por convicción o por sesgo de la experiencia, que hay una única manera correcta de llorar y que los motivos y los escenarios para llorar pueden dejarse de lado.

En este estudio propongo una expansión de las instrucciones para llorar sugeridas por Cortazar, en la que considero los motivos y los escenarios en los que el llanto se desarrolla y sugiero instrucciones para responder ante el llanto de otros. Además, formalizo la intensidad, la duración, y la frecuencia del llanto como variables que permiten definir esta actividad y caracterizar las diferentes formas correctas de llorar. Espero que esta propuesta permita construir una aproximación más integral a la teoría del llanto.

2  |  MOTIVOS PARA LLORAR

Cortazar argumenta que la manera correcta de llorar es independiente de los motivos. Sin embargo, su caracterización de cómo llorar parece estar suscrita al llanto derivado de la tristeza y no incluye el llanto derivado de otras emociones como la felicidad, o de situaciones más complejas donde el llanto es resultado de la mezcla de emociones, como la rabia y la frustración, o el alivio y la victoria. Además, Cortazar es claro al definir que sus instrucciones aplican en particular al llanto medio u ordinario, lo que nos permite inferir que se refiere a llantos derivados de motivos cotidianos y pasajeros, sin consecuencias trascendentales o definitivas. Aquí en cambio proponemos que hay diferentes formas correctas de llorar dependiendo de los motivos que originan el llanto.

Motivos cotidianos y pasajeros

Estos motivos agrupan cualquier situación que pueda describirse como sencilla, simple, o incluso ridícula, sin que por ello se demerite su importancia. Por ejemplo, la pérdida de un objeto, la discusión con un ser querido o con un colega, el rechazo de la publicación de un artículo o de la aplicación a un trabajo, o incluso el dolor de golpease el dedo pequeño contra la cama. Todos estos ejemplos corresponden a circunstancias asociadas a emociones de tristeza, rabia, dolor o frustración, que, en principio, son limitadas en su efecto y en el tiempo.

En estos casos el llanto corresponde precisamente al descrito por Cortazar en su ensayo, y se pueden seguir sus instrucciones al pie de la letra para reproducirlo, incluido el hecho de que el llanto que “no ingrese en el escándalo, ni insulte a la sonrisa” y que su “duración media sea de tres minutos”. Hay que tener en cuenta que, así como su causa, este tipo de llanto debe ser limitado, su duración es corta, su intensidad leve o media, y corresponde a un único evento.

El llanto que acabamos de describir es similar en duración, intensidad, y frecuencia al derivado de emociones más amables, como la felicidad, el éxito, o el cariño, y por tanto estas emociones se consideran siempre motivos cotidianos y pasajeros. Es el caso de llorar por ejemplo por sustentar la tesis o graduarse, estar junto a la persona que se ama, o por la satisfacción de ver triunfar a un ser querido. Sin embargo, para evitar confusiones entre el llanto derivado de emociones dolorosas y de emociones amables, se recomienda que en el caso de estas últimas junto con la producción de lágrimas se incluyan sonrisas y movimientos de motivación y afecto, como levantar los brazos en señal de satisfacción o de éxito, o abrazar a los otros demostrando camaradería. Este tipo de llanto es probablemente el único que los demás reciben cómodamente y por tanto para los observadores solo se recomienda unirse a las expresiones de motivación y afecto y hacer énfasis en la sonrisa.

Motivos trascendentales y definitivos

En estos motivos se agrupan las perdidas o el daño de seres queridos muy cercanos, las pérdidas de partes del cuerpo propias o las enfermedades terminales, y las pérdidas de lugares o tiempos que son irrecuperables. En estos casos el llanto no es un evento único sino una sucesión de llantos estrechamente conectados cuya intensidad, duración y frecuencia comienzan en valores muy altos, pero van disminuyendo con el paso de tiempo.

El llanto inicial puede catalogarse como desmedido, profundo, ruidoso, exagerado y usualmente requiere un uso intensivo de papel higiénico. Las lágrimas de este llanto son goterones enormes que, de no ser recogidas en el pañuelo o el papel, tienen la propiedad de humedecer extensamente la camisa. Este es el llanto en que los mocos son mucho más pronunciados, y contrario a lo establecido por Cortazar, llorar no se termina en el momento en que uno se suena, sino que el sonarse constituye solo una pausa requerida para tomar aire, luego de la cual la llorada continúa repitiendo el ciclo varias veces. El final de este llanto suele asociarse al extremo cansancio que el evento genera, y la imposibilidad biológica de llorar indefinidamente.

Este es además el caso donde las evidencias físicas del llanto son más claras, con contracciones violentas y profundas del rostro, los ojos y la cara hinchadas, las mejillas rojas, y las venas de la frente pronunciadas. Además, es el llanto más sonoro, con quejidos lastimeros y profundos acompañados de palabras de desolación como ayyy, por qué, no puedo y otras por el estilo. Es normal que este llanto conduzca a la deshidratación y a intensos dolores de cabeza, por lo que se recomienda tomar líquidos ricos en electrolitos luego de las pausas generadas al sonarse, y no hacer actividades que requieran enfocar la atención mientras se llora. 

Este llanto es el más difícil de manejar por parte de los otros, sobre todo porque no hay nada que hacer ante los motivos que lo generan. Por lo tanto, para los sujetos que observan, se recomienda armarse de paciencia y de cariño y acompañar a quien llora, si este lo permite, sin buscar entablar una conversación y sin la pretensión de arreglar nada, en resumen la presencia es suficiente. Sin embargo, también se recomienda que los observadores estén preparados para atender las necesidades del llorante, por ejemplo, disponiendo de pañuelos o papel higiénico extra, teniendo líquidos a la mano, y estando dispuestos a pasar un largo rato aburridos en silencio con la atención en quien llora, sin por ejemplo revisar el celular, hacer preguntas bobas, o quedarse dormido.

Con el tiempo, en proporción al motivo original, este llanto se transforma en uno más leve y tranquilo, parecido al derivado de motivos cotidianos y pasajeros, pero teñido de nostalgia y con una tristeza extendida que se percibe en el aire.

3  |  ESCENARIOS PARA LLORAR

El llanto público

En público, solo situaciones asociadas a motivos trascendentales y definitivos parecen justificar el llanto ruidoso y exagerado. En estos casos es recomendable acompañar las lágrimas de exclamaciones de dolor y de movimientos corporales erráticos que bien sugieran la intención de abandonar el lugar, el abandono (arrojo o aferro) ante el objeto que representa el motivo del llanto, o una debilidad física insostenible que usualmente debe terminar en un desmayo. En estos casos es indispensable la participación de otros en asistir a quien llora, procurándole pañuelos para recoger las lágrimas y los mocos, líquidos para incorporar pausas de silencio y respiro indispensables durante el llanto, y buscando una silla u otro lugar donde sentar a quien llora para minimizar el daño en caso de que se desmaye y para alejarlo física y metafóricamente de los otros o del motivo del llanto.

Algunos autores sostienen que el llanto público debería guardar unas proporciones que permitan mantener la integridad de la dignidad, entendiendo por esto que quien llora no se descomponga ante otros y pueda hacerse responsable de su llanto sin asistencia externa. Cortazar pareciera adherirse a esta visión sugiriendo que el llanto no debe ingresar en el escándalo, aun cuando el autor no especifica el escenario en que sus instrucciones aplican.

En estos casos es importante que quien llora, especialmente aquellos que son llorantes crónicos, estén debidamente preparados. Esta preparación incluye la costumbre de guardar pañuelos o papel higiénico en los bolsillos de los abrigos y las chaquetas, preferiblemente manteniendo disponible una reserva en el bolso o la maleta. Cuando se presienta el llanto, se debe sacar el pañuelo o papel y sostenerlo en la mano como anuncio de lo que viene. El llanto en sí mismo corresponde con la caracterización hecha por Cortazar con "una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos". Sin embargo, tanto los sonidos como los mocos deben mantenerse al mínimo posible y las lágrimas deben dejarse correr hasta la mitad de las mejillas. En este punto es debido recogerlas con el pañuelo o el papel, haciendo un movimiento lento pero evidente, que demuestre el dominio de la persona sobre el llanto. Este movimiento se puede hacer manteniendo la cabeza en alto si quien llora quiere demostrar una dignidad desafiante, o bajando la cabeza hacia el pecho si se quiere demostrar una dignidad recatada y afligida. Ante un evento de llanto inesperado, cuando no hay pañuelos o papel disponible, es recomendable siempre mantener la cabeza en alto y dejar las lágrimas rodar por la cara y el cuello hasta perderse ellas mismas por entre la camiza o el abrigo, sin limpiarlas.

Los infantes tienen permitido un escenario público adicional que está vetado para los adultos y que corresponde a un tipo de llanto bien definido: las rabietas o berrinches. Este tipo de llanto en realidad puede ocurrir en cualquier lugar y momento, siendo más frecuente en centros comerciales y justo antes de salir de casa o cuando se va tarde para alguna cita. Los berrinches son resistentes a cualquier tipo de instrucción ya que corresponden a un desarrollo artístico y natural que quién llora, por lo que pueden variar considerablemente en cuanto a la intensidad y la duración, así como en la cantidad de lágrimas y en la sinceridad del llanto. En este caso, le corresponde a los padres o tutores del infante atender el berrinche, y es recomendable que los demás sujetos presentes continúen su camino y se abstengan de intervenir. Sin embargo, se sugiere observar la situación desde una distancia prudente y por cortos intervalos de tiempo, así como mostrar una simpatía aprobatoria o acusatoria hacia los tutores y hacia el menor, de acuerdo con la experiencia previa y la impresión que el berrinche genere en el sujeto que observa.

A pesar de las instrucciones que acabamos de exponer, y con la excepción de los berrinches, dado que llorar es una de las actividades humanas que más genera incomodidad en los otros, no hay escenarios públicos que se consideren adecuados para el llanto. Por esto sugiero que, ante la inminencia de llorar, se procure el desplazamiento inmediato a un escenario privado donde quien llora se encuentre idealmente solo o acompañado de una o máximo dos personas de su entera confianza. 

El llanto privado

En este escenario, si quien llora se encuentra solo, se sugiere dar rienda suelta al llanto, sin limitarse en cuanto a la intensidad y la duración de este, y acompañándolo de los sonidos o los movimientos que más generen alivio al llorante. Se sugiere por ejemplo hacerlo en su habitación a puerta cerrada, buscando siempre una posición confortable como sentado en la cabecera de la cama, con las piernas recogidas sobre el sofá, o en caso extremo agazapado en el piso con la espalda contra la pared y de preferencia en una esquina del cuarto. La evidencia sugiere que es muy importante en este escenario sentirse cubierto o protegido, por lo que apoyar la espalda contra la cama, el sofá, la pared o en últimas el piso, o enrollarse en una manta o en las cobijas, parece ayudar para disminuir la intensidad y la duración del llanto. También es recomendable, en caso de que la llorada se extienda, cambiar de posición o hacer caminatas alrededor del cuarto para generar pausas que rompan con la monotonía del llanto.

4  |  CONSIDERACIONES FINALES PARA LA TEORÍA DEL LLANTO

Como espero sea evidente a partir de la discusión de los motivos y los escenarios, existen diferentes maneras correctas de llorar, y aunque hay elementos comunes entre ellas, la duración la intensidad y la frecuencia permiten diferenciarlas claramente.  Para quien llora es importante reconocer sus motivos y el escenario en el que se encuentra para producir el llanto adecuado. A su vez, las características del llanto permiten que quienes observan infieran la gravedad del evento y respondan de manera acorde, aun cuando desconozcan el motivo específico del llanto. Considero que esta propuesta de la expansión de la teoría del llanto abre otras rutas de investigación en el campo y permite una visión más integra de llorar. Es importante resaltar que aquí no hemos analizado o discutido otros aspectos de la teoría, como los propósitos o la sinceridad del llanto, o situaciones más complejas como cuando no es una sola persona sino son varias las que lloran. Futuros estudios en la teoría del llanto deberían enfocarse en abordar estos aspectos.

CONTRIBUCIONES DE LOS AUTORES

C.P. diseño el estudio y es responsable por la metodología, el análisis, la escritura, y las lágrimas lloradas.

AGRADECIMIENTOS

Este artículo surge como una respuesta alternativa al llanto motivado por la frustración y la tristeza derivada de aplicar a trabajos científicos en los Estados Unidos en medio de la situación política y social actual. Por lo anterior, agradezco a todos aquellos que son capaces de empatizar ante esta situación y que, a pesar del llanto, siguen trabajando por la ciencia y la educación.    

DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERESES

La autora declara tener todos los conflictos y todos los intereses del caso ante la negativa de People Architects de seguir adelante con la consideración de su aplicación para la posición de Curadora de Ornitología del Museo de Historia Natural de Cleveland.

REFERENCIAS

Cortázar, Julio, 1962. Instrucciones para Llorar. En Historias de cronopios y de famas. "Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.


 

Tuesday, 16 April 2024

El camino de la bruja

No vayas donde tu hermana - le advirtió el oráculo - no volverás viva.
La mirada húmeda de la bruja se alejó del espejo de agua que le hablaba. ¡Cómo si tuviera alguna alternativa! Pensó mientras se alejaba lentamente del lago que se desvanecía en los rincones oscuros de lo inexistente y sin embargo posible. Los delicados hilos que forman la intrincada red de la realidad se han ido tejido desde el principio del principio y aún ante la certeza del libre albedrío todos lo hilos están atados y halan con fuerza. La decisión ante cualquier pequeña o grande decisión es siempre la misma: seguir siendo una misma o ser otra. La otra que no se elije no existió nunca. Tenía el paso cansado y la boca seca, sabía lo que le esperaba al otro lado de la montaña. En ese rincón inmundo que es el mundo los humanos respiran miedo y supuran rabia. Ella misma sabe desde la raíz que no hay forma alguna de ser inocente. Tiene claro que la culpa no es esa culpa cristiana de la que un dios inexistente puede absolverle. La "culpa", la "desventaja", el "privilegio" son solo otro rasgo inseparable de estar vivo aquí y ahora. Sabe cada culpa de las suyas propias. Sabe de las que se ha hecho cargo y de las que tal vez deberá enfrentar luego. Los sueños premonitorios han sido mucho más claros que la voz del oráculo. ¡Valiente Oráculo! mascullo para ella misma ¡Hubiera dicho algo nuevo! Ya sabía. Pero saber es parte de la culpa. Y culpable era. Cuando emprendió la marcha se vio a si misma andar el camino. Vio cada curva, cada quebrada, los colores oscuros del bosque en la montaña, el frío anestésico del páramo en la mañana. Se vio caminar por horas largas cargadas de pensamientos masticados y escupidos, empapadas de la selección minuciosa de las palabras concretas que deberían ser dichas cuando llegara. Se vio elegir cada una y ponerlas en el orden correspondiente para que fueran claras pero amables, seguras pero abiertas. Se vio a si misma satisfecha de elegir las frases que le serían más adecuadas. Apenas unos pasos llevaba cuando se vio a si misma unos días más tarde reírse ante la certeza explicita de que sus palabras, sin importar el detalle y el cuidado con el que fueron elegidas, serían inútiles. Y vio en su rostro las arrugas que se le formaban en la frente tratando de pasarse el trago amargo de saber que hacer lo debido la conducía siempre al mismo desatino. Cuando el sol empezaba a desaparecer en el horizonte y el lugar donde había estado el lago apenas empezaba a perderse en la distancia, la bruja seguía dibujando en su cabeza la secuencia exacta e ininterrumpida de lo que haría los días siguientes. Se vio llegar a la ciudad el amanecer del cuarto día, mientras lo perros callejeros se peleaban por un trozo de tela ensangrentado y la panadera le ofrecía un vaso de agua al verla descalza y sucia tras el viaje. Siguió su paso entre las calles empedraras y las casas pintadas de colores tratando de ocultar los estragos de la guerra. Escuchó las voces de los borrachos amanecidos que aún cantaban en los bares iluminados, y el llanto de los chiquillos que se despertaban a deshoras arrancando del sueño a sus padres cansados. Vio a la luz del sol irse alzando desde ese blanco suave y brumoso casi frío, hasta ese amarillo lineal, intenso y ardiente. Se vio extender la mano huesuda para tocar en la puerta que se abriría para dejarla pasar. Escucho a lo lejos la voz de su hermana llamarla por el nombre por el que ella ya no respondía, y por enésima vez sintió esa voluntad casi inhumana de no responderle y largarse sin decir lo que tenía que decir. Pero sabía que lo tenía que decir, y se escucho así misma imponerse la calma ayudándose de una respiración profunda y resignada. Cuando había andado suficiente ese día busco un árbol grande no muy lejos del camino para descansar la marcha, se dejó caer de un solo golpe ante la base de las raíces del gran árbol y abrazo su bastón de madera hasta quedarse dormida, mientras seguía repasando en la cabeza los eventos a los que acudiría en unos cuantos días. Siguió con cuidado y con los ojos cerrados la conversación con su hermana, la voz de ella elevándose cada vez más hasta que los oídos dolieran, el desacuerdo permanente y ubicuo, le negativa repetida una y otra vez hasta el cansancio, la solicitud de convocar a los otros miembros del consejo, las preparaciones para que vinieran, la espera silenciosa mientras los mensajes les llegaban, el golpe en la puerta del palacio tras la llegada de cada uno. Se quedó dormida. La mañana del día siguiente, tal cual la había imaginado el día anterior, era tibia y húmeda. Todavía había camino antes de subir la montaña. Revolcó el interior de su mochila buscando alguna cosa que comer y encontró un pedazo de algo que se metió en la boca sin pensar demasiado. En cambio, llevo su mente a esos días más tarde cuando el consejo reunido la escuchaban. Levantó su voz hasta ese tono fuerte en que todos podían escucharla pero no suficiente para que se entendiera más allá de la puerta cerrada. Trajo en el orden preciso en que las había elegido las frases exactas que días antes por el camino había organizado. Escucho al principio los murmullos incrédulos de los ministros, sintió luego la discusión creciente ante su "fuimos nosotros", y finalmente las voces airadas y ensordecidas ante su "debemos admitirlo". Los miro, desde el camino, uno por uno, una por una, primero sentados en sus sillas en el cuarto enorme de la reunión de los altos ministros, levantándose luego de sus sillas ante la discusión de la que ella ya no hacía parte, y vio a su hermana al final de la mesa tratando de calmarlos, pidiendo orden, tratando de aminorar las palabras de la bruja, de convencerlos de que no era necesario. El sol pasaba ya hacia la tarde y entre ir y venir entre los días futuros y el momento presente iba eligiendo las palabras que diría y en cómo esta sí y esta no, mientras al mismo tiempo veía a los ministros pedirle que dejara la cámara y confirmaba en el rostro triste y seguro de su hermana el veredicto. ¡Valiente Oráculo que no dijo nada nuevo! Se acordó del día anterior y de la larga búsqueda de la que había hecho parte para poder encontrar al oráculo que debía haberle dado una opción diferente, alguna buena noticia, como si fuera tarea de los oráculos alimentar la esperanza. Bueno - balbuceo - también que culpa el Oráculo... ya sabíamos. Alguna otra cosa minúscula habría de comer entre su mochila, y añoró el vaso de agua y la hogaza de pan que la panadera le daría dos días más tarde cuando llegara de madrugada a la ciudad. En cambio no se le antojo para nada el banquete que su hermana la ministra le hizo preparar la noche antes, con esa idea suya de que gastar era suficiente para limpiar el alma. Vio la tristeza de su hermana perseguirla entre las palabras que le decía mientras la bruja escuchándola en silencio cortaba un pedazo de ese pollo que olía delicioso pero que presagiaba la hoguera. Le vio la confusión en los ojos que solo querían lo mejor para ella pero que no podían ver ni entender lo mismo que los ojos de la bruja, y le vio la resignación aguda ante la impotencia de no poder convencerla de que se retractara ante el consejo de los ministros verdugos. El pollo también tenía claro su destino, y la hogaza de pan siempre fue más amable. Se equivocó en pensar que le alcanzaría el día para llegar hasta la piedra aquella en la curva del camino detrás del árbol alto y encorvado. Habrá que apurar el paso mañana que no hay que llegar tarde a ese vaso de agua ni a la muerte, pensó. Aunque no le afanaban para nada los pasos de las ministras al entrar en el cuarto, ni sus voces sinceras preguntándole curiosas por el viaje y el oráculo, tratando ellas mismas de prever las minucias de la reunión que casi comenzaba. Tampoco la afanaban los pasos de las mismas ministras saliendo del cuarto indignadas y atormentadas, sin despedirla, y sin procurarle ningún otro pensamiento. Ellas también sabían. Entre las sombras de la noche iluminada encontró la piedra aquella detrás del árbol encorvado y alto en la curva del camino, y le dio la vuelta para acurrucarse detrás de ella y dormir un rato. Esa piedra, después de todo era más amiga suya que las mujeres y los hombres de la ciudad que primero le habían pedido encontrar una solución a la guerra y que ahora que la traía la acusarían de traidora y de bruja, como si no hubieran sabido desde siempre, desde cuando crecieron juntos, que bruja había sido siempre. Soñó otro de esos sueños premonitorios que ya habían sucedido o que sucederían luego, soñó con una mujer que no era ella pero era ella misma y que en un cuarto sin ventanas respondía "Siento que esto esté pasando. Yo también pienso que no debería ser tan importante. Quise decir que no estoy segura todavía que decisión tomar sobre lo que debería hacer yo misma." Y sintió el desánimo y la incertidumbre de esa mujer como las suyas propias. Pero sin terminar el sueño la esperaba la mañana del tercer día después del oráculo, y la mañana del sexto día después del oráculo, el último día. Se sacudió las rodillas, se subió la medias, se colgó la mochila y abrazó a su bastón de madera como si en el estuvieran guardados todos los buenos recuerdos y retomó el camino y el pensamiento. Se vio levantarse en la mañana del ultimo día para descubrir sin sorpresa alguna que la puerta de su cuarto estaba cerrada desde afuera y que este ya no era su cuarto en la casa de su hermana sino una prisión en el palacio de la primera ministra. Se vio buscar entre sus cosas que ya eran pocas, las pocas cosas que quería que la acompañaran en los últimos momentos, se trago de un solo bocado el anillo de plata, pero se tomo largos minutos para lamer el papel en el que antes había envuelto un chocolate. Supo que era la hora de llorar a quienes no volvería a ver y las lágrimas le empaparon las manos y la ropa. Toda su venganza consintió en limpiarse los mocos con las sabanas de la cama. Y se vio terminar los sollozos a tiempo para cuando los pobres soldados que solo seguían ordenes vinieron a buscarla. Entonces era la hora del almuerzo, pero ya entre su mochila no había migajas de nada que fuera comestible y sabía que debía dejar la envoltura del chocolate para luego. El frio anestésico del paramo era a esa hora más bien un frio quemante que le cuarteaba la piel de los labios y le blanqueaba las uñas, pero los colores eran de ensueño y juró que no olvidaría esos ojos azules ni el borde anaranjado de las hojas de los frailejones. Sintió que las piernas le fallaban, como sabía que le fallarían tres días más tarde de camino hacia la plaza. Se vio a si misma maldecir en diferentes lenguas mientras avanzaba arrastrada por los cuatro soldados que la custodiaban en silencio. Pensó en qué maldiciones usaría, después de todo era una bruja y era necesario completar el rito. "Que a este se le caigan los botones de la camisa" pero en Sigiba, "Que a este se le olvide donde dejó las llaves" pero en Ocroli, "Que a ese le pique donde no pueda rascarse" pero en Igliño. El idioma que haya que usar para no revelar el misterio, pensó mientras se burlaba estúpidamente de la benevolencia de sus maldiciones inútiles pero necesarias. Apuraba el paso en el camino que atravesaba el bosque de colores oscuros en la montaña. Se asusto un poco y se lleno de tristeza cuando se vio a si misma gritar delante de la hoguera que ya estaba lista "fuimos nosotros, podemos corregirlo", y se echó a reír ante la inutilidad des sus palabras. Escucho como entre las casas algunos quienes obedientes le ofrecían unos gritos cortos de acuerdo y compasión pero sin persistencia. En cambio no vio ni a su hermana, ni a los ministros, ni a las ministras que ya estaban entonces reunidos buscando algún otro para que fuera en busca de un nuevo oráculo que los salvara de la guerra. No se sorprendió, ya lo sabía, los ministros respirando miedo y supurando rabia no asisten a presenciar la hoguera. Se encontró con la noche a la salida del bosque y a lo lejos vio las luces de la ciudad que se iban encendiendo. Se detuvo allí sin darse cuenta y se le estremeció la piel como se le estremecería dos días más tarde al sentir las primeras brazas de la hoguera. Quiso dar un paso más pero no pudo. La tranquilidad y la belleza que le llegaban del bosque y de los campos extendidos hasta la ciudad la abrigaban con cariño. Sintió cómo el estomago le crujía. Se acordó que ese día no había comido, y añoró más que nada la hogaza de pan y el envoltorio del chocolate. La bruja siguió su camino.

Wednesday, 14 December 2022

Conversación antes de la cena / Conversation before dinner

Who is he?
  My lawyer.
What is he doing here?
  He is with me.
Yeah, but why?
  For consultation, obviously. It's always better to have your lawyer's opinion.
Consultation about what?
  I don't know. You never know when you are going to need your lawyer's consultation.
But this is a dinner.
  Yes, I know.
And we are meeting friends only.
  Yes, I hope so.
So, what is he doing here?
  He is with me.
Yes, but why a lawyer?
  Oh, he wanted to be a lawyer. That I did not choose it for him.
What?
  What?
...
   I have an editor too.
And editor?
  Yes, I enjoy having an editor. It's so nice to have someone correcting your grammar all the time.
Is it?
  Yes, It is. Although I don't bring the editor to dinner. Apparently other people do not like to be correct.
You mean, to be corrected.
  Oh, no, I meant to be correct.
... 
   ...
Well! to be corrected all the time could be a little annoying, really!
  Right!
Right.
  Yes.
What?
  Ah?
Forget it. So, does your editor work for a journal or is he independent?
  He works for a tiny law firm.
That is unusual.
  Is it? I don't know.
Wait! do your editor and your lawyer work together?
  Yes, in fact they do. All the time.
Hahaha, that sounds interesting.
  It's quite. I also have a lover in the same law firm.
What?...
  Hey, welcome back. This is Andrew!
    Hi Andrew. Nice to meet you.
Nice to meet you too.
- This way please!
Thank you.
  Thanks.
    Thank you.

Tuesday, 13 December 2022

La enfermedad del frío

Mira, mira Ululé!
  Qué pasa?
El bus está bajando la velocidad para que podamos ver un poco el pueblo fantasma.
  El pueblo fantasma?
Sí, Lauroci, el pueblo fantasma.
  Se ve abandonado!
Claro, es un pueblo fantasma porque lo abandonaron.
  Y por qué lo abandonaron?
Por la enfermedad del frío. No has escuchado de la enfermedad del frío?
  No. Estaba en el folleto?
Un pedacito de la historia al menos. La enfermedad del frío atacó a las mujeres del pueblo.
  Solo a las mujeres?
A algunos hombres también pero muy pocos.
  Qué es la enfermedad del frío?
Pues es una enfermedad en la que te da frío, jajaja!
  Amelia! qué es la enfermedad del frío?
Es en serio! No se sabe quién fue el paciente cero, pero algunas mujeres de Lauroci empezaron a quejarse de tener frío. Y luego se extendió a todas las mujeres del pueblo. Cuando eso paso el gobierno global puso al pueblo en cuarentena, nadie podía salir o entrar. Y mira, esas allá son todavía algunas de las tiendas que construyeron para la emergencia. Vinieron investigadoras y medicas a atenderla.
  Pero cómo así? solo porque tenían frío?
Oh, no! ese era el principal síntoma, además era muy extraño porque les daba frío principalmente en la noche. Al principio pensaron que era paranoia colectiva de las mujeres y de los pocos hombres afectados. Pero cuando empezaron a aparecer los demás síntomas se hizo evidente que estaban enfermas.
  Qué otros síntomas?
Empezaron a perder el apetito, pero cuando comían después les daba más frío.
  Pero era que tenían fiebre? una infección?
No, no tenían fiebre, temperatura normal, y por eso pensaban que no era una infección.
  Y si era?
Pues más o menos. El frío empezó a afectarles el sueño. Y entre tener frío y no poder dormir empezaron a perder la cabeza.
  Tan grave era la cosa?
Que si Ululé! era muy grave. Algunas mujeres llegaban al hospital con quemaduras de tercer grado porque intentaban calentarse como fuera.
  Woow!
Si. Se metían a tinas con agua casi hirviendo, o se colocaban bolsas de agua caliente en el cuerpo hasta quemarse. Pero era muy raro porque todos los demás síntomas neurológicos parecían normales, estaban conscientes de lo que hacían, sabían quienes eran, la memoria intacta, pero - explicaban ellas - tenían mucho frío! Y estaban desesperadas. Los hombres afectados igual.
  Qué paso cuando pusieron al pueblo en cuarentena?
Pues las investigadoras empezaron a tomar muestras y a secuenciar genomas, y trascriptomas, y proteomas... y descubrieron que era.
  Y qué era? un virus?
No, una bacteria.
  Ah entonces si era una infección.
No, la bacteria era de una especie inofensiva que de hecho hace parte de la flora intestinal normal.
  Y entonces? una bacteria oportunista? las mujeres del pueblo tenían alguna deficiencia inmune? No, pero eso no explicaría porque a los hombre casi no los afectó. No entiendo. qué era?
Pues encontraron que en alguien del pueblo, que no pudieron determinar con exactitud quién fue la primera, o el primero, la bacteria había mutado, pero no para infectar nada sino para producir una toxina que pasaba a la sangre y era capaz de cruzar la barrera hematoencefálica. Era pequeñita la toxina. Y esa toxina se ligaba a unos receptores en diferentes partes del cerebro, entre esas, las regiones responsables de discriminar y controlar la temperatura. El núcleo parabranquial lateral creo... ah, y el área preóptica. Y la toxina confundía a las neuronas haciéndolas creer que sentían frío.
  Pero si uno tiene frío el cuerpo responde, no? empieza a quemar más energía, a tiritar, a producir calor, no?
Si, y eso pasaba, y al final muchas murieron de "hipotermia" pero era como si tuvieran una hipotermia crónica extendida por meses. Cuando empezaba el síntoma del frío pasaban varias semanas pudiendo controlarlo con cobijas, chimeneas, calorcito... pero resultó que eso favorecía a la bacteria, y entonces producía más toxina, y las mujeres sentían más frío. Luego empezaban a perder el apetito, pero como el cuerpo estaba tratando de controlar el frío gastaban más energía, entonces empezaron a desnutrirse, entonces las obligaban a comer, y eso solo favorecía a la bacteria y entonces más toxina, más frío, menos sueño, hasta que, como en la hipotermia el cerebro se confunde y terminaban muriéndose.
  Se morían de frío! Y cómo la controlaron?
No pudieron.
  Cómo así que no pudieron?
Los estudios los hicieron rápido, menos de un año, pero a pesar de la cuarentena, entre la gente que quería escapar del pueblo, y la gente de afuera que quería saber qué estaba pasando, la batería se escapó del pueblo.
  Cómo se transmitía?
Pues estaba en el tracto digestivo... contacto con saliva, compartiendo comida, y la bacteria podía resistir viva un par de días por fuera del cuerpo.
  Y cómo no se volvió eso una pandemia? No! espera. Fue una pandemia y yo no supe? Cómo no supe? Que planeta más interesante!
No, no fue una pandemia!
  Cómo así? entonces?
Para cuando empezaron a reportarse casos fuera del pueblo, ya las investigadoras habían encontrado una vacuna.
  Ah si? Cómo hicieron?
Pues en realidad ya estaba disponible.
  Ah?
Si, la enfermedad del frío ataca principalmente a las mujeres.
  Cierto! por qué era eso?
Pues porque no tienen un cromosoma Y. Jajaja.
  Qué?
Resultó que la mayoría de los hombres son resistentes porque tienen una mutación en un pedacito del cromosoma Y que pone un codón de inicio y permite que se transcriba un pedacito chiquito de ARN, que, oh sorpresa! se liga con la toxina y la inactiva.
  Jajaja, en serio?
Si! Más de buenas. Y ya lo tenían desde antes, variación natural que no servía para nada, y tenga, ahora sí. Las investigadoras lo encontraron y desarrollaron la vacuna, al principio un sobrecito con un polvo que que uno diluía en un vaso de agua y eso era todo, te lo daban en cualquier droguería. Después lo que hicieron fue copiar la región del cromosoma Y, y la insertaron en el genoma en el cromosoma X para los nuevos bebes. En todos.
  Cómo así, yo también la tengo?
Pues claro Ululé, tú también eres inmune ahora. Jajaja, me da risa que no sepas lo que llevas en el genoma.
  Ay, perdón! Yo sé que tú te sabes todos los genes, pero yo apenas me se algunos, no es mi área.
Está bien, te perdono.
  Pero y entonces, por qué abandonaron el pueblo?
Ah porque tristemente para cuando entendieron cómo era el asunto, todas las mujeres del pueblo ya se habían muerto.
  Y los hombres?
Los hombres no saben vivir sin las mujeres.
  Ah?
Los hombres susceptibles también murieron, y los otros abandonaron el pueblo. Por supuesto ninguna mujer querría venir a vivir en Lauroci, inmunes o no, es mal agüero.
  Amelia...
Hmmm?
  Abrázame! tengo frío.

Friday, 2 September 2022

El reflejo claro de la oscuridad del lago en la superficie serena de la luna

Era una diosa, pero hasta las diosas se marchitan. En algún punto el cansancio de ser se hizo evidente y a partir de allí comenzó la decadencia. Ni siquiera la voluntad de los dioses es inquebrantable. El tiempo infinito, controlado por ella misma, antes lleno de novedades e ideas, empezó a hacerse aburrido y repetido. Todo lo sabía. No había ya nada que hacer con todo el saber de todos los absolutos. Nada había afuera y todo lo de adentro era insoportablemente conocido. La curiosidad se le apago. Perdió cualquier interés por seguir a los que había creado. No había ninguna satisfacción en crear universos, o destruirlos. No se le ocurrían preguntas o incertidumbres. Todas las certezas eran suyas. Ningún placer en reencarnarse. Su presencia antes extendida en todas dimensiones empezó a desaparecer por los rincones y luego no se le encontraba ni en los templos ni en los corazones. Dejó de ocuparse de su cuerpo, y sus formas y figuras, otrora definidas y metalizadas, se hicieron difusas y neblinosas. Dejó de materializarse aquí y allá y se quedó inmóvil esparcida entre los segundos y la luz. Los inmortales sin hacer se deslíen hasta la inexistencia. 

A pesar de su propia negación y abandono, se mantiene viva todavía en la memoria de sus fieles, yo entre ellos. En lo que dejó creado todavía existen algunos creyentes que, sin saber que ella se ha vencido, aún le hacen ofrendas, alabanzas, y peticiones. Pero su fe se irá debilitando ante la falta de evidencias, la marea de eventos, y el devenir de generaciones que se suceden, hasta que no quede ningún ser que la conozca. Entonces vendrá el ultimo final y su existencia se extinguirá para siempre diluida en el olvido. No sé si lo que creó se mantendrá después de ella, si seguirá funcionando bajo las leyes por ella establecidas, o si seguirá un rumbo azaroso hasta la ruina. No sé si algún otro dios o alguno de los míos tendrá acaso acceso.

Yo la observaba desde lejos y sufría con su decadencia. Me compadecía con orgullo de su destino y me reía noblemente del mío, que es el mismo. La mirada desabrida y apagada de sus últimos tiempos todavía me atormenta. Su desidia me llegó en oleadas distanciadas por eones. Un "Ahora no" cínico y lastimero. Un "Me alegro por ti" humillante y vacío. Un "Qué bueno" sordo y oxidado. Un suspiro como un insulto hueco y seco. Al final solo el silencio. En algún hórrido momento una sonrisa nublada se quedó trabada en su rostro como el último reflejo. 

Yo, que terca, todavía me niego al acabose, prefiero imaginarla altiva y fulminante, hambrienta e inagotable, sonriente y sedienta. Yo, que me aferro torpe y desesperadamente a la sed ciega e inútil que le profeso, la recuerdo en su esplendor. Su piel incendiada de colores, su voz vibrante en todas las frecuencias, su movimiento errático, específico, y sublime, en todas direcciones, el respiro palpitante de sus entrañas, la briza suave que me rozaba cuando se acercaba, su salvaje instinto creador, la claridad de sus ideas feroces y traviesas, el juego deslumbrante de su mirada. Yo, que nunca pude con el peso de su esencia, me mantuve lejos para no perturbar su camino. Sé, con todas las certezas que no hay absolutamente nada que hubiera podido brindarle, nada que en mi hambre y mi afán pudiera darle para modificar el rumbo inamovible que la desvanecía. Fue su elección. La vi derrumbarse sonriente.

Sé que mis universos le eran despreciables, que mis criaturas le eran torpes y agónicas, que las paletas de colores que elegía se le hacían insultos luminosos, los sonidos airados y lastimeros, las leyes irracionales y obtusas. Sé que cuando todavía algo en ella pensaba, me veía igual a como yo la veía. Sé que creía que todo cuanto soy es un declive inútil y doloroso, que nada de ella hay para mí, que soy un largo y extenuante hastío, que estoy perdida desde hace tiempo y para siempre. Yo, que soy una demonio, también me pudro.


The clear reflection of the lake's darkness on the serene surface of the moon

She was a goddess, but even the goddesses wither. At some point the tiredness o being became evident and since then the downward spiral began. Not even the will of the gods is unbreakable. The infinite time, controlled by her, before full of novelties and ideas, became tedious and repetitive. She knew everything. There was nothing to do with all the knowledge of all realities. There was nothing outside and inside everything was unbearable and renowned. Her curiosity waned. She lost all interest for following those she has created. There was not satisfaction in creating universes, neither in to destroy them. Neither questions nor doubts came out of her. She owned all certainties. No more pleasure in reincarnation. Her presence, before widespread across all dimensions, began to fade on the corners and then she was no found in the temples or in the hearts. She stopped caring about her body, and her shapes and figures, once defined and metallic, became dim and blurry. She stopped materializing here and there and remained immobile scattered on seconds and light. Immortals who do nothing, fade to nonexistence.
 
Despite her own denial and neglect, she is still alive in the memory of her believers, me among them. In what she left created, there are some faithful that without knowing she has left, still make her offerings, praises, petitions. But in the absence of evidence, in the tide of events, and in the course of the generations that follow their faith will become weak, until no creature will know her. Then, it will be the last end and her existence will extinguish forever diluted into oblivion. I do not know if what she created will remain after her, if it will continue working under the same laws she stablished, or if it will follow a random journey to its doom. I do no know if another god or maybe any of mines will have access.

I watched her from afar and suffered with her decay. I pitied proudly her fate and laughed humbly to mine, which is the same. Her insipid and dull gaze of the last days still haunt me today. Her indolence came to me in waves spread by eons: A “Not now” shameless and painful; a “I’m happy for you” humiliating and empty; a “Good for you” mute and rusty; a sigh like a hollow and dry affront; and then only the silence. In some dreadful instant a foggy smile got caught up in her face like the last reflection.

I, that stubborn still deny the end, prefer reminding her fiery and fatal, hungry and tireless, smiling and thirsty. I, that clumsy and hopeless hold to the blind and useless eagerness that for her I have, I remember her in all her splendor: Her skin burning in colors; her voice quivering in all frequencies; her movement, erratic, precise, and sublime, in all directions; the beating breathing of her insides; the soft breeze that grazed me when she came close to me; her wild instinct to create; the clarity of her fierce and sicked ideas, the dazzling game of her look. I, that never could bear the weight of her essence, stayed away to not disturb her path. I know, with all the certainties, that there is absolutely nothing I could have given her. Nothing that in my hungry and my ambition I could have provided to change the static path that will end her. It was her choice. I saw her fall smiling.

I know that my universes were insignificant for her, that my creatures were dumb and pale before her eyes, that the color palettes that I chose were for her bright offences, the sounds were annoying and pitiful, the laws were insane and thick. I know that when still something in her was thinking, she saw me the same as I saw her. I know that she believed that everything what I am is just a useless and painful wreck, that nothing on me was worthy of her, that I am a long and grueling boredom, that I got lost long time ago and forever. I, a demon, I rot too.

Thursday, 30 June 2022

Al filo del aroma

Tengo clavado en el centro de la palma de la mano izquierda un haz de luz que la atraviesa. Está ahí incorpóreo, cálido, luminoso. No tiene voz ni futuro, no augura ni recuerda nada. Es puro instante sostenido. Es puro presente inagotado. Yo a veces desde lejos lo miro. No quiero reconocerle ni conversarle. Probablemente desaparecería sublimado. Tampoco es que quiera que se quede. En realidad ilumina poco y poco duele. Está atravesado en la palma de mi mano izquierda como un clavo, o una raíz, o una corazonada, no palpita, ni crece, ni se oxida, pero entra desde un lado de la mano y sale por el otro. Tiene la codicia de extenderse un poco hacia lo lejos pero se apaga antes de ser más largo que la misma mano. Es un haz de luz como cualquier otro y su fuente está a ambos lados. A la mano parece no importarle. En cambio, es a los ojos a los que perturba, como si fuera una advertencia obscena y rebosante, como si supieran los ojos que de acercarse el haz se abriría y les dejaría ver todo lo oscuro. No alumbra demasiado, no titila, ni resplandece, ni deambula, ni flaquea. Siendo solo un instante es siempre el mismo, no hay ningún cambio perceptible. Nace y termina en la mano que lo atraviesa y los bordes externos son solo uno que es el mismo. Que el haz falte a las leyes de la física conocida tiene poca importancia. El haz en si mismo importa poco, y dado que está en esta mano humana no durará demasiado. El universo pues, tal y como lo conocemos y como fue y como será sin nosotros, puede continuar tranquilo sin alterarse por la existencia surreal y efímera de un haz de luz infinito e inmutable atravesándome el centro del dorso de la mano izquierda. Los demás objetos parecen a salvo e imperturbados por su existencia. Aún cuando otra luz me llega hasta la mano, el haz y los rayos de la otra coexisten en el mismo tiempo y en el mismo espacio, ignorantes los unos del otro. Yo que estoy siempre inclinada al experimento los miro de reojo, no mucho tiempo. No quiero que el haz de luz cobre vida alguna o se haga más real o menos. Si desaparece será por si mismo. No invocaré ni a la sabiduría ni al conocimiento para ahuyentarlo o para retenerlo. Ya hice todo antes y no fue ni suficiente ni necesario. No lo alimento, no lo mato de hambre. Como ya dije procuro no prestarle demasiado cuidado. No lo miro muy de cerca ni por mucho tiempo. Si lo hiciera el haz tal vez podría tragarme, y yo probablemente aparecería al otro lado de otra mano que debe ser mía en la dimensión del otro lado de las cosas y los cuerpos, y quien sabe quien será la yo en esa otra dimensión por mí nada conocida. No quiero. No hay razones para arriesgarse al desamparo. Tampoco estoy segura de querer que desaparezca, el haz de luz no me reconforta ni me alimenta, su calor no es diferente al mío, no me atormenta. No me causa tampoco ninguna curiosidad, ya lo conozco, es un haz de luz, se dónde comienza y donde termina, ya no le temo. Tal vez, diría, estoy acostumbrada a su presencia, y como tal lo ignoro y lo minimizo. Sé que no ha estado ahí siempre y tengo el presentimiento de que no durará demasiado. Temo más bien extrañarlo si desapareciera, me dan preocupaciones chiquitas y cortas de que ya no estuviera. A veces creo que ni siquiera me daré cuenta. Que un día en un momento cualquiera en la mano no veré el haz de luz atravesado y no sabré cuándo y cómo se habrá ido, incluso más dudaré de su existencia. No podré saber si fue un invento mío, un sueño, una idea, un cuento para ser escrito, un amor olvidado, un futuro no cumplido. El haz de luz no estará y yo luego de dudar si faltaba algo en el centro del dorso de la mano izquierda la miraré de cerca, cerraré y abriré la mano un par de veces y luego de comprobar que no hay nada raro, ocupada en los quehaceres cotidianos que constituyen la vida volveré a lo mío, resumiré mi existencia ¿El haz? ¿Cuál haz? ¿Acaso ha existido? Mientras tanto mantengo la mano izquierda lejos de mi vista, en la periferia, porque el haz eterno y explicito sigue ahí en el silencio. A veces quisiera imaginar finales apoteósicos y extraordinarios para el haz de luz aburrido, tal vez debería... no, no, mejor no digamos ni imaginemos. No le demos al haz alternativas, ni sugerencias, ni consejos. Su existencia al fin y al cabo nada tiene que ver conmigo. No ha de ser casualidad que esté en mi mano, pero la probabilidad de que no estuviera es la misma. La otra mano, la derecha, escribe un tanto conmocionada de que a pesar de ignorar conscientemente y esforzadamente al haz de luz esté dedicándole todas estas letras. Sabemos ella y yo que hay algo de por medio.

Wednesday, 17 March 2021

Conversación en la mañana

Estamos enfermos. - Dijo Tókero mientras caminaban en la enrojecida tierra. -
¿ah? - Respondió Garatol
Estamos enfermos ¡Enfermos!
Ahhh, otra vez con eso Tóke, si que exageras. - Dijo Garatol dando unos saltos animados. -
Pero es que ¿no te parece?
¡Claro que no! Que cosa contigo. Todos los días es lo mismo, todos los días te quejas de nuestra suerte. Deberías estar agradecido y feliz de que vivimos, de que tenemos que comer. - Replicó Garatol abriendo los brazos para señalar el paisaje que se extendía ante ellos. - Esto es lo que hacemos, es lo que nos mantiene vivos. Enfermos baaa... si qué exageras.
Pero no éramos así antes...
¿Y qué? ¿Acaso eso significa que éramos mejores? No. Las cosas cambian, así es la vida. Solo seguimos adelante, eso es todo. Que ganas de darte demasiada importancia. Solo somos un grupo pequeño, un grupito de gente andando por la vida, hacemos lo que nos corresponde, aprovechamos las oportunidades, no nos metemos con los demás.
Pues de eso hablo Gara, tal vez deberíamos meternos con los demás, tratar de hablar con ellos, propiciar el diálogo, buscar puntos en común, ayudarnos.
¡Jajajaja! ¿ayudarnos? jajajaja.
Si, ayudarnos.
Tóke, Tókero ¿Te hizo daño el desayuno? 
Estoy hablando en serio Gara.
Yo también hablo en serio Tókero. ¿Qué es lo que esperas? ¿Formar una compañía? ¿Unificar el mundo? ¿Qué todos, t o d o s, vivamos tranquilos y felices para siempre?
Yo... yo solo... hubiera querido ser diferente, tener una oportunidad, comer otra cosa... 
Está bien Tóke, todos queremos otras cosas que no tenemos. Pero no por eso nos andamos torturando todos los días. Relájate, tómate algo, esta noche yo prepararé la cena. - Contestó Garatol levantando un brazo. -

Y así siguieron conversando mientras revisaban los cuerpos que habían dejado la batalla y el hambre, y les cortaban los pedazos buenos para llevárselos como comida.


Morning Talk

We are sick! – Said Tokero while walking on the reddened land. – 
ah? – Garatol replied. – 
We are sick, sick!
Ahhh, again with that Toke, you’re raving. – Said Garatol jumping pleased here and there. –
Don’t you think so?
Of course not!  What's it with you? Every day the same thing, every day you moan about our luck. You should be thankful and happy that we are alive, that we have food to eat. – Garatol answered opening his arms showing the landscape that was in front of them. – This is what we do, this is what keep us alive. Sick? Baagghhh, you´re just raving.
But we weren’t like this before…
And? Does that mean we were better? No! Things change, that’s how life is. We only move forward, that’s it. You are just mumbling: "oh, look at me, I’m so important!" We are just a small group of people, a tiny group of people going through life, we do what we must, we take the chances as they come, we don´t mess with others.
Well, that’s what I meant Gara, maybe we should mess with others, talk with others, open a channel, you know? look for a contact, help each other.
Hahahaha! Help each other! Hahahaha. Toke, Tokero, Was breakfast bad for you?
I’m serious Gara.
I’m very serious too Tokero. What’s what you want? Make an alliance? Unite the world? That everyone, e v e r y o n e, have a good and happy life forever after?
I… I only… I only wish all this to be different, have a chance, eat something different, you know?
That’s ok Toke. We all wish things we don’t have. But not because of that we are whining every day. Just relax, drink something, tonight I make dinner! – Replied Garatol raising an arm. – 

And their morning talk kept going while they check the corpses that the battle and famine had left, and cut the good pieces to take them as food.

Monday, 4 January 2021

El silencio de Sinagoda

Las mejores historias son las que no se cuentan. Repetía Sinagoda para sí misma. De las que nadie se entera además de los participantes. Esas que incluso pasan desapercibidas para ellos mismos y solo uno o dos espectadores afortunados tienen la dicha y la fortuna de observarlas. Las historias mejores son las que suceden sin que quede registro ninguno más que el sencillo recuerdo de una o dos almas incompletas que las ejecutan. Por eso a veces guarda silencio. Sinagoda habla demasiado. No la calla nadie. Siempre que está acompañada habla y habla y habla hasta cansarse. Habla para no dejarle tiempo al sentimiento o al agotador silencio que pregunta las cosas importantes. Sinagoda habla para no dejar que los otros sientan el vacío. El problema viene cuando Sinagoda calla, y sabe callarse bien las cosas que se quiere. Las demás las dice sin ton ni son ni importancia alguna. Incluso las cosas graves y pesadas. Sinagoda se las cuenta a los demás sin pena y también sin gloria ni tapujos. Incluso las cosas que podrían avergonzarte, Sinagoda las va contando por ahí sin rodeos. Pero una o dos cosas importantes Sinagoda no las dice. Y lo que ella calla no pasó nunca, nadie lo sabe, no hay testigos. En los ojos a veces se le ve una veta, y allí sabe una que algo se esconde, que Sinagoda habla para esconder secretos, que mide en toneladas las palabras que bota, pero que hay dos o tres palabras que pesa en oro y no dice nunca. Y los que las conocen también callan. Por compromiso, por miedo, por bondad, o por ultraje, nada dicen. A veces es más caro el silencio. A veces saber y no decir tiene más peso. A veces la culpa se la reparten varios y no hay dios que la disculpe. Por eso Sinagoda también se arrepiente. Tres o cuatro veces se arrepiente. Y esas cuatro o cinco le carcomen la vida. Pero así y todo Sinagoda habla para quedarse callada. Habla de más para decir de menos. Y entre una y otra cosa que cuenta ya no está segura de todo lo que dice, ni a quien, ni cuándo. Por eso a veces los amigos le escuchan más de una vez las mismas historias. También por eso es que a veces ella habla de algo como si los demás lo supieran cuando no lo han sabido nunca, y se sorprenden de escuchar por primera vez una historia asombrosa contada por Sinagoda como si fuera lo más corriente y cómo si todos anduvieran enterados, como si fuera una noticia pasada de moda cuando en verdad es un chisme fresco. Pero todos saben que las cosas que dice son cosas de siempre. Son cosas que son ella sin que sean ella misma y que por eso importan solo mientras se escuchan. Pero de lo que Sinagoda no dice, Ay cuánto dieran, cuánto quisieran preguntar los otros por lo que ella guarda. Pero boba no es, así que no se calla y dirige hábilmente la conversación hacia dónde le conviene, y sabe cambiar de tema como se cambia de ropa, sin mirar y sin agüero, y los demás ni siquiera lo notan. De tanto que habla los demás no saben ya que era lo que querían preguntarle. Sinagoda no se calla hasta que está sola.
Sola Sinagoda guarda silencio. No siempre, a veces usa su técnica consigo misma y se habla para no escucharse ni reconocerse las angustias y los misterios. Pero cuando está sola también se permite el silencio, y es ahí que bailan los demonios. Es ahí que se cuelan los fantasmas y las fotografías. Es por entre el silencio que se llenan los despojos de los ojos y los latidos nefastos que le consumen la vida. En silencio Sinagoda escribe palabras que no son suyas ni le pertenecen a nadie. Pero palabras que nombran a todos los conocidos y a cinco o seis desconocidos. Escribe Sinagoda para lavarse las tristezas y los amores mal habidos. Pero más allá de la letra, todavía en el silencio, están las cosas que forman la veta en los ojos de ella. Las que no nombra ni escribe ni pronuncia. Las que le tejen lentamente un nudo de células en la garganta y prometen dejarla sin voz y con seis meses de vida. Sinagoda calla porque las mejores historias son las que no le cuenta a nadie, las que se come, las que respira.

Thursday, 20 August 2020

Tarabita

El 10 de agosto a las 21:10 horas un sonido hueco y grave anunciando el quiebre de un corazón se esparció desde las escaleras hasta el resto del edificio como un sismo localizado que anunciaba cataclismos. El dueño del corazón se arrastró por las escaleras usando su mano izquierda para empujarse por las barandas mientras trataba de sostener en la mano derecha los trozos del corazón que se desboronaba. Los pequeños fragmentos iban deslizándose con sus bordes afilados mientras rasgaban la cavidad del pecho y caían pálidos hacia la mano que pretendía sostenerlos. En medio del derrumbe la identidad del corazón se hizo añicos y el latido unísono que lo acompañaba se hizo arrítmico y desordenado. La distancia entre cada trozo generaba una tensión inmaculada que cortaba el aire y dificultaba la respiración del dueño. La lentitud con la que un corazón roto se contrae y se expande hacen que la circulación se torne dificultosa y como consecuencia, se le helaron las manos y la espina dorsal. Las piernas le flaquearon y los músculos empezaron a temblar en pequeños espasmos tratando de compensar la perdida de temperatura. No le alcanzo la vida sino para arrastrarse escaleras abajo y buscar a tientas la puerta de su cuarto, el borde de su cama, el interior de las cobijas. Una vez adentro y ante el reconocimiento atónito del corazón destruido, le falló el cerebro. Las ideas se atropellaron contra el cráneo y el líquido cefalorraquídeo se hizo espeso. Las ilusiones se desvanecieron de súbito y todos los futuros se le hicieron delgados e improbables. Las neuronas crujieron replicando el sonido del corazón que se rompía y esa distancia falsa entre el corazón y el cerebro se hizo nula, ambos cayeron. No habiendo orden ni sentido en la cabeza el único mecanismo disponible para atender la emergencia se hizo presente, vinieron el llanto y la tristeza, y unas lagrimas gruesas empezaron a inundar las almohadas. El llanto vino acompañado de unos quejidos graves casi inaudibles que permitían restauran en el cerebro las sinapsis. Luego de ese dolor truncado e inmediato que se crea cuando un cerebro y un corazón se rompen vino el dolor real, el permanente. El dolor en los ojos, en los oídos; el dolor cóncavo del pecho vacío; el dolor agudo en la contracción del músculo; el dolor inundado en las mejillas; el dolor seco y sediento atrás en el cráneo; el dolor opresivo del diafragma en los pulmones; el dolor comprimido entre las vertebras; el dolor de la presión de todo lo que está inchado y supura. Así, el dueño del corazón derruido atravesó las tinieblas de la noche, temblando y agónico, escupiendo trozos de recuerdo y vomitando bilis. Con tanto destrozo no habría habido nadie que tendría apetito. El desayuno le supo a ceniza, el almuerzo a oxido, la cena a aceite. No era la primera vez que sufría de esa enfermedad hemorrágica y gangrenante que es el desamor. En medio de los delirios y los sudores sabía que tal vez lograría, una vez más, recuperarse, pero parte de los síntomas de dicha enfermedad es no tener certezas, y siempre estaba el riesgo de quedar lisiado para siempre. Los centros del cerebro se han reunido y han empezado a organizar las operaciones para contener los daños y las multiples cirugías para reconstruir el músculo que por fortuna todavía late. El dueño que, catatónico, aún respira, se encuentra en cuidados intensivos y el pronóstico es reservado. Hay riesgo de muerte cerebral y de fallo multisistémico cada vez que recuerda sus palabras - Que gracias - dijo ella.

Thursday, 12 March 2020

Ultimas palabras

El miedo de no volver a verte es más poderoso que el hambre. Aún me quedan algunas provisiones y cuando se acaben, sin importar lo que suceda, saldré a buscarte. Han sido largos días sin saber de ti. Han sido días agónicos de leer los libros de mi biblioteca hasta haberlos, por fin, terminado todos. Después de todo Borges, mi biblioteca no era infinita. Han sido tardes lánguidas de llorar sin desenfreno y luego de terminar con las lágrimas quedar en ese vacío blanco de la desesperanza presente en el tiempo. Todavía puedo ver por mi ventana. Esperaba incendios, explosiones, pánico, y gente huyendo por la calle, pero desde el toque de queda todo ha sido silencio. Todavía llega energía a casa y veo en el computador una pantalla que me mira, pero la red se ha muerto y no puedo por este medio alcanzarte. Alcanzar a nadie. No tengo radio. No tengo acceso a las noticias si es que se trasmiten todavía. Desde mi ventana veía moverse a otros en otras ventanas, pero lentamente han ido desapareciendo. Luego de un par de días de no verlos me asomé con miedo y grité preguntando por alguien. Solo silencio. Ya ni siquiera se oye el perro de la cuadra que ladraba ante cualquier ruido. No sé si se ha ido o se ha muerto. No sé si la enfermedad ha alcanzado a otros animales o si se han salvado. Los árboles en las montañas parecen estar bien, siguen verdes. No sé por qué la enfermedad a mí no me ha alcanzado. Por unos días esperé empezar a sentirme enfermo, esperé empezar a sentir la resequedad en la boca y a ver las manchan en la piel, pero nada. Esperé empezar a sentir la pérdida del apetito, el desgano y la necesidad de echarme en la hamaca para ya no levantarme nunca, pero aquí estoy, tengo hambre. Cuando me hice a la idea de que la enfermedad parecía perdonarme otras preocupaciones aparecieron. Tú. La idea de todos y cada uno de los que conozco y de no saber que ha sido de ellos destruyo mi cordura por un tiempo, pero con los días, empecé a aceptarlo. Solo tú eres inaceptable. La idea de que te hayas ido me destroza. No puedo aceptarla. Necesito imaginarte viva para seguir viviendo ¿Podré encontrarte? He pasado largas horas imaginando tu sonrisa. Tratando de reconstruir en mi memoria los trozos de tu cuerpo. Tratando de recordar el sonido de tu voz. He releído innumerables veces lo que antes ya te había escrito. Recuerdo con insistencia la última vez que te vi, ibas caminando, llevabas una blusa roja y me saludaste de lejos. Todos los días y varias veces vuelvo a leer lo último que escribimos: - Oye! Te quiero! Escribí yo, ya sin importar lo inútiles o inoportunos que fueran para entonces mis palabras y mis sentimientos. Reparo en los segundos que distanciaron mi mensaje del tuyo. Luego - Yo también! Cuídate mucho! Y con esa respuesta agría y feliz se acabaron los mensajes. Al día siguiente no había señal de nada, el celular se convirtió en un almacén de recuerdos. A veces me duermo con él entre los brazos tratando de acercarte. ¿Estás todavía? He tratado de mantener la rutina, de no perderme en la sinrazón de la vida y el tiempo. Al principio solía tomar largas siestas durante el día, tratar de matar el tiempo en el sueño. Pero luego las noches se hacían largas e insoportables y tu recuerdo se distorsionaba hacia lo oscuro y morías en mi imaginación una y mil veces. Así que tratando de mantenerte viva comencé a cuidar de mí mismo. Fue entonces cuando organicé las provisiones e hice cálculos. Fue entonces cuando puse a cargar el reloj y marqué en él mi posición, los satélites al menos parecen aún estar funcionando. Fue entonces cuando racioné los libros y les asigné un orden de lectura. Hice lo mismo con las pinturas y las telas. Las telas Borges, tampoco son infinitas. No daría ninguna pincelada que no valiera la pena, el agotamiento. Al principio quise plasmar tu imagen para tenerte, aún más, presente. Pero mi egoísmo dio paso a tu cariño y pensé en plasmar algo que tus ojos quisieran ver. Nunca me preocupé antes por buscar la imagen del Beagle así que tuve que imaginarme al barco en toda su extensión y en todos sus detalles antes de pintarlo. Pequeñito, en la proa, está Darwin de pie mirando al horizonte. Ojalá disfrutes verlo. ¿Qué estás tú haciendo? Estarás como yo leyendo y escribiendo en el aislamiento. ¿Tejes para entretener las manos? ¿Piensas en mí y en las últimas palabras que escribimos? A veces necesito imaginarte odiosa para sobrellevar el tiempo de tu ausencia. Necesito imaginar que no fuiste sincera cuando escribiste que tu también, sin aseverar nada, sin especificar qué. Necesito tratar de imaginar una vida sin ti, genuinamente imaginar mi vida sin que exista la tuya, pero no puedo. ¿Qué hago? He estado todo el día rumiando estas palabras, poniéndolas en el papel como si pudieran sobrevivirme. Pensando en dejarlas protegidas por si no regreso cuando salga a buscarte. Con esa ilusión humana de que otros las lean. No tú! Que si te encuentro viva no serán necesarias, pero si no, si no regreso estas letras son al menos un consuelo torpe e insuficiente para mí mismo. Un intento ciego para perdonarme por haber esperado tanto tiempo para decirte por primera vez que te quiero, sin saber que también sería la última. Tengo tanto miedo de no volver a verte.

Tuesday, 22 October 2019

Conjuro

Last night I summoned the demon with my voice.
He answered this morning by Whatsapp.

Friday, 22 February 2019

Único

Llevaba una moneda de 50 en el bolsillo, de las nuevas, de esas pequeñitas que no sirven para nada pero son bonitas porque son plateadas y llevan un osito que se ve tierno. Se la había encontrado por la calle y aunque sabía que recogerla implicaba más esfuerzo que lo que podría hacer con ella, le pareció un acto de maldad dejarla allí tirada. Se la metió al bolsillo de la chaqueta y la dejó allí olvidada, de tal manera que cada vez que volvía a usar la chaqueta, cuando metía su mano derecha, encontraba la diminuta moneda, y con sus dedos jugaba con ella dentro del bolsillo mientras caminaba. Esa mañana se había puesto la chaqueta, así que llevaba la moneda entre el bolsillo, y con la yema de sus dedos jugaba con ella. Caminaba con muchas ideas en la cabeza pero sin nada claro. Pensaba en si había sacado las llaves, en si habría visto todos los mensajes en el celular, en que llegaría temprano a su trabajo y eso le permitiría resolver ese problema que tenía pendiente desde hace rato, en su amante, en la última vez que estuvieron juntos, en el e-mail que debía escribirle a su jefe, en el correo que le había enviado el idiota del 4 piso, en qué compraría de almuerzo porque hoy no había preparado nada, en que en la esquina tal vez se encontraría con el indigente a quien regularmente le daba algunas monedas. Sería muy miserable darle a ese hombre la moneda de 50. Tan poco era su valor que incluso regalarla parecería un insulto, además ya era un valor agregado de la chaqueta, venía con un juguete con el que entretener los dedos mientras pensaba al caminar. Seguía caminando y llegó al semáforo, estaba en rojo así que se paró a esperar mientras veía con disgusto como la gente se iba acumulando al lado suyo y al otro lado de la calle esperando el cruce que parecía tardar eternidades. Trató de no darle importancia y enfocó su atención en la sensación que la pequeña moneda le producía en la yema de los dedos. Cambió el semáforo, puso el pie en la calle y miro desafiante a los que venían en contra para anunciarles que no se atravesaran en su camino, parecieron entender el mensaje. Avanzó un par de pasos y podría decirse que estaba en mitad de la calle cuando sintió que alguien desde atrás chocaba con todo su lado derecho, como si viniera apresurado y distraído y no le hubiera visto caminar. ¡Imbécil! pensó de inmediato con molestia al sentir el choque, pero la persona que pasó a su lado se giró un poco sin dejar de caminar y sin emoción alguna pero tratando de sonar conmovida dijo “disculpe” y siguió de largo. No tuvo tiempo de decir nada y tampoco quiso hacerlo pues no era nada que no pasara todo el tiempo. Vio como ese alguien desconocido y a quien seguramente no volvería a encontrarse nunca en la vida se alejaba apresurado. Se percató de pronto que instintivamente, por la fuerza de la inerte costumbre, había seguido caminando. El percance no había sido ni siquiera suficiente pare detenerse y cuando pensó en ese alguien desconocido que se alejaba ya había terminado de cruzar la calle y se había plantado al borde del anden a la espera de que cambiará el otro semáforo que debía cruzar para continuar su camino. También entonces se percató que con el tropiezo había sacado su mano del bolsillo y ahora estaba allí colgando a su lado derecho. Con la misma inercia de la costumbre metió la mano entre el bolsillo de la chaqueta y encontró la moneda.

Monday, 18 February 2019

Dos

No creo en dios - pensaba ella para si misma mientras caminaba por la calle - o mejor dicho creo en todos los dioses, creo que existen en la medida que nosotros los hemos creados, son todo un conjunto de existencias colectivas en la mente de las personas. Ideas de seres que investidos de cualidades que los humanos no poseemos, se suponen reales e irreconocibles por estar más allá de nuestras habilidades de comprender el mundo. Ideas de seres embebidos incluso de la capacidad de ser los creadores de todo y sobre todo de la realidad en la que ciertamente nos encontramos. Como si la complejidad de todo cuanto verdaderamente es no nos fuera suficiente en nuestra inmadura e ínfima conciencia. Siendo los dioses solo ideas pienso que su existencia y su poder están limitados por nosotros mismos. Tienen poder solo en la medida que nosotros se lo damos, tienen poder y solo el poder que nosotros les asignamos en nuestra mente. El poder de, como ideas, influir en nuestras decisiones, nuestros juicios, nuestros actos, el mismo poder que tiene cualquier otra idea a la que nos aferramos, como la libertad o la justicia. Que finalmente el poder es solo eso, las restricciones que nos imponemos a nosotros mismos escudadas en asumir y aceptar la existencia de supuestas leyes universales, la elección consciente o inconsciente de premisas absolutas a las que les otorgamos el permiso de influir en quienes somos. Y así, tienen sobre nosotros los dioses el efecto que les hemos asignado que tengan. Por tanto en ningún dios creo porque a ninguno le he otorgado más valor que el que tienen ideas mucho menos célebres como los duendes de los cuentos de hadas, o los animales que hablan en las fábulas. Dios no tengo - Seguía pensando para ella misma mientras caminaba distraída -. En cambio, bajo esta misma idea he creado para mí un guardián único que me protege. La idea de un ser que se mueve más allá de cualquier ley termodinámica, lejos de cualquier lógica o sentido físico, una criatura que mientras yo estoy bien se mantiene agazapada y descolorida, frágil y casi durmiente, pero que en cuanto me debilito, física o mentalmente, tanto más se hace ella fuerte y sabia, algo o quizá alguien que está más viva entre más cerca me encuentro yo de la muerte...

Un movimiento inesperado la sustrajo de sus pensamientos, dos hombres la abordaron para robarla. Ella reaccionó tratando de huir, pero uno de los hombres se sobresaltó y le asentó un golpe en la cabeza que la hizo perder el sentido. Un hilo de sangre empezaba a derramarse.

Se desplomaba y su sombra, que hasta ahora era apenas perceptible, se fue tornando cada vez más oscura hasta parecer que se levantaba sobre el cemento. Cayó y al chocar contra el suelo se escuchó un sonido agudo que fue tomando fuerza y fue haciéndose tan grave como el rugido de las bestias enloquecidas en las noches de luna. Ese mismo rugido pareció cobrar forma en el aire y una criatura enorme, desproporcionada y oscura se posó con firmeza frente a ella. El aire se enrareció hasta parecer venenoso, y más allá de ella y de los dos hombres que la atacaron no podía verse nada, como si una niebla viscosa e impenetrable los separa de la realidad. El miedo fue subiendo por las piernas de los dos hombres como un enjambre de insectos a punto de devorarlos, y el sonido del rugido los ensordeció hasta hacerlos sangrar por los oídos. Se quedaron inmóviles, petrificados ante la visión de ese ser que con su sola presencia les arrebata el aliento, la paz eterna, la tranquilidad de todos los rincones de su mente en todos los tiempos y, si hubiese tal, les desgarraba lenta, dolorosa e irremediablemente el alma hasta la inexistencia. Uno de ellos intentó dar un paso mientras apretaba los puños para darse ánimos. El guardian levantó su descomunal brazo izquierdo que se tornó de roca maciza y se descargo sobre la cara del ladrón que cayó al piso con un quejido corto mientras la sangre corría desde lo que había sido su rostro hacia el suelo. El otro hombre, aterrorizado, se dio media vuelta para huir solo para encontrarse de frente con la criatura que, sin un rostro o siquiera un material definido, empuñaba un brazo de fuego azul que lo golpeo con fuerza en el pecho y le descargo la energía de diez rayos aniquilando su corazón y quemando todos sus nervios. Apenas si tuvo tiempo antes de morir, para ver como la realidad se aclaraba mientras que la niebla se desvanecía y el guardian pasaba a su lado para volver con el paso firme que tendría un volcán a la sombra de su dueña que empezaba a despertarse.    

The Room

She put her hair up in a ponytail. It was cleaning day and she was ready. The broom, the mop, the bucket, the cloth, the all-purpose cleaner...